jueves, 19 de julio de 2012

Las falsedades victimistas del consejero Mascarell


Ferran Mascarell, consejero de Cultura de la Generalidad de Cataluña

El Gobierno de Aragón pretende denominar "aragonés oriental" al catalán hablado en las zonas fronterizas con las provincias de Lleida y Tarragona: una solemne tontería defendida por su consejera de Cultura. Por su parte, Ferran Mascarell, conseller de Cultura de la Generalitat catalana, publicó en La Vanguardia del pasado lunes, día 16, un artículo ("Tranquillitas del catalán") en el que sostenía posiciones de un nivel semejante sobre la lengua en Catalunya. No tenemos suerte con los consejeros de Cultura.


La primera impresión que tuve al empezar a leer el artículo de Mascarell fue que más parecía un texto propio de un tertuliano exaltado que la reflexión ponderada de un alto cargo público. Una vez leído llegué a otra conclusión: carecía de argumentos, sólo se trataba de un conjunto de invectivas con un final inconsistente. Una vez más se constata que tratar de la lengua en Catalunya es pisar terreno sagrado y que los inquisidores no necesitan razones ni análisis, les basta el dogma.

La tesis del artículo es muy simple: el Estado -español, por supuesto- es enemigo de la lengua catalana y para resolver la situación los catalanes debemos construir un Estado propio. Veamos cómo la desarrolla el conseller. 


Según Mascarell, el "principal enemigo es (...) el Estado español a través de sus aparatos políticos y judiciales (...). Los partidos españolistas (...) niegan sistemáticamente cualquier apoyo político, administrativo, legislativo y económico al catalán. El Estado no respeta ni promueve el catalán, a menudo lo maltrata y lo combate (con recursos, sentencias, reinterpretaciones y suspensiones inequívocamente restrictivas y contrarias). Son las diferentes maquinarias territoriales de obediencia estatal las que tratan sistemáticamente de fraccionar, prohibir, dificultar y minimizar el catalán (...). Los que luchan contra el catalán (...) desean una sociedad catalana fragmentada en dos comunidades lingüísticas, anhelan una Catalunya socialmente dividida, suspiran por una Catalunya políticamente subordinada". Con este tono tan objetivo describe Ferran Mascarell la situación.



Me gustaría preguntarle a un extranjero que visite Catalunya -un ejecutivo, un profesor invitado, un turista cualquiera- si esta es la verdadera situación. Preguntarle, por ejemplo, si le parece que el catalán es una lengua maltratada, no utilizada por los poderes públicos, ni por los medios de comunicación, ni en los centros de enseñanza, ni es de uso habitual en comercios, hoteles o restaurantes. Preguntarle si las indicaciones del aeropuerto, las estaciones de tren, las autopistas y carreteras, las calles, los museos, las tiendas, no están rotuladas en catalán. Preguntarle si ha visto u oído contar que las autoridades del Estado persiguen a quienes hablan catalán. 


Tras haber respondido a estas preguntas, me gustaría que el visitante leyera el artículo del conseller y me diera su opinión. Estoy seguro que se habría quedado asombrado por sus afirmaciones, tan contrarias de lo que está a la vista de todos. 



Lo que sorprende a los visitantes es quizás otra cosa: que aun cuando el catalán es sólo la lengua materna del 31,6% de los ciudadanos y el castellano la del 55 %, la primera, a pesar de ser menos utilizada, tenga tanta vitalidad y presencia pública, esté tan protegida por las leyes, tanto autonómicas como estatales. ¿No sabe el conseller que estas leyes, en desarrollo de la Constitución, regulan que el catalán es -junto al castellano- lengua oficial en Catalunya y, como tal, puede usarse en todos los ámbitos públicos, con el deber de funcionarios y jueces atender a los ciudadanos en la lengua que escojan? 



Las falsedades victimistas del conseller tienen un objetivo: justificar la independencia politizando la lengua. Dice así Mascarell: "Con este Estado no tendremos nunca corrientes favorables al catalán. Nos hace falta uno (...) que sea amigo y no enemigo del catalán. Reconstruir lo que tenemos, construir un Estado amigo, esta es la cuestión". Pero tampoco en esto acierta. Naturalmente, la libertad ideológica permite ser partidario de la secesión de Catalunya; eso nadie lo discute. Pero es muy dudoso que un Estado catalán fuera más conveniente para la lengua catalana desde la perspectiva que la defiende Mascarell. 
Francesc de Carreras
Catedrático de Derecho Constitucional

Nota: Se ha respetado el uso de Catalunya (por Cataluña) en la versión en castellano de La Vanguardia, donde puede leer el resto del artículo si sigue este enlace.

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