lunes, 30 de julio de 2012

O España o las comunidades autónomas, todo no es posible


Una imagen simbólica de la unidad de los españoles, en este caso alegórica al reparto del agua sobrante

La inmensa mayoría de los españoles, nada menos que un 81%, no quiere unas comunidades autónomas tal y como ahora funcionan. Mejor dicho, tal y como sus gobiernos corruptos e insidiosos vienen defraudando cualquier expectativa en lo tocante a la economía o respecto a la convivencia entre las diversas regiones, que al fin y al cabo es lo que son por más que se disfracen de nacioncitas: regiones españolas, algunas de ellas ocupadas desde hace más 30 años por una banda de delincuentes nacionalistas, adoctrinadores y antidemócratas que hoy no respetan las leyes y que no cesan de amenazar con alzamientos populares. Tan es así, que bastante gente está deseando que los nacionalistas tomen ya una decisión bien definida, lo que difícilmente harán, y acaben con ese ciclo de palabrería fantoche donde tan a menudo esgrimen el espantajo del 'me voy si no me das más'.

La última decisión del partido que respalda a uno de esos gobiernos aspirantes a la sedición, Convergencia, ha sido la de apuntarse a la arenga bélica para ocultar el fracaso de su exigencia de concierto económico. El diario digital La Voz de Barcelona lo cuenta así: Ejército, generales, soldados, conflicto creciente. Los máximos responsables de Convergència Democràtica de Catalunya han decidido subir el tono de sus mensajes como respuesta al callejón sin salida en el que se han metido con su anacrónica propuesta de pacto fiscal en la línea del concierto económico. Es el relato de un fracaso anunciado. La gran mayoría de analistas políticos avanzaron que la ocurrencia del presidente de la Generalidad, Artur Mas, nacería muerta. Y así ha sido. El tradicional victimismo del nacionalismo catalán se verá acentuado en los próximos meses, hasta convertirse en el leitmotiv que marcará la agenda política catalana, y que contará con la prensa subvencionada como 'colaborador necesario'.

Me temo que por mucho que se empeñen en pedir y amenazar, lo que sin duda no dejarán de hacer mientras existan como partido-garrapata, los nacionalistas pujolianos no lograrán evitar el nadar contra corriente. Aparte de la encuesta comentada al inicio sobre lo poco que nos gustan las autonomías a los españoles, he aquí dos argumentos más que acreditan el futuro tan grisáceo de los pedigüeños: 1) Europa maniobra para dinamitar el sistema autonómico español. La UE prepara un informe para exigirle al Gobierno la supresión inmediata de 2.700 organismos públicos regionales. 2) En su informe anual sobre España, el FMI pide al Gobierno de Rajoy que emplee 'mano dura' con las autonomías. Recomienda que Hacienda intervenga las cuentas de las comunidades que no cumplan sus objetivos, tras hacerlas responsables de las dos terceras partes del 8,9% de déficit del año pasado.

Por si fuese poco, no cesan de surgir nuevos datos que dejan a los nacionalistas como unos auténticos farsantes, además de incapaces de ponerse al día en las cuentas que usan para reclamar. Se trata de unos datos muy superados por la crisis zapaterina, pero ellos erre que erre en el "España nos roba". Por ejemplo, Convivencia Cívica demostró las trampas de la balanza fiscal de Cataluña, donde queda claro que desde 2009 esa comunidad no tiene déficit alguno y recibe más de lo que aporta, como pueda ser en la importante partida destinada al pago de los desempleados, deficitaria en unos 1.000 millones de euros. El último informe que desmiente la superchería victimista del presidente catalán se ha conocido hoy mismo, procede del gobierno de la Comunidad de Madrid y Esperanza Aguirre responde a Artur Mas: "los ciudadanos de Cataluña reciben por encima de la media". Vale la pena repasar el informe completo.

En resumidas cuentas: No me cansaré nunca de pedir que se ponga a esta gente en su sitio, simplemente porque no es justo que lo quieran todo, todo y todo, tanto lo propio como lo ajeno: de un lado la ventaja de vendernos más de la mitad de lo que producen y del otro la prerrogativa añadida de que se queden allí todas las ganancias, como si no fuesen las personas o las empresas quienes cotizan en función de su riqueza, sino los territorios. Imprescindible es, al efecto, que todo el IVA pase a controlarlo el Estado. Como tampoco me cansaré de reclamar la desaparición de los conciertos económicos en Navarra y el País Vasco, ya que es igualmente injusto, además de inmoral, que el resto de los españoles estemos subvencionando con varios miles de millones de euros al año a dos de las regiones más ricas de España. O se revisan a fondo esos  conciertos, para que realmente paguen los servicios que reciben, calculados hoy muy a la baja, y además aporten una cantidad razonable al fondo interterritorial, o que los conciertos desaparezcan mediante una reforma de la Constitución. Preferiblemente lo segundo. 

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