lunes, 3 de diciembre de 2012

A más España, mayor libertad y prosperidad


La nuestra, la de todos, la única imprescindible y valiosa
El mundo sería incompleto sin la civilización que España ha aportado durante siglos. Suena a presunción, pero no es así si se hace un somero repaso de nuestra esplendorosa y apasionante Historia. El arte, la ciencia, los descubrimientos de nuevas tierras logrados por nuestros antepasados y la cultura universal aún deberían llegar a su edad adulta si prescindiéramos del enorme legado transmitido al mundo por los españoles. Y no me refiero tan solo a lo mucho que ha surgido desde nuestra patria, sino igualmente al inmenso aporte erudito de cuantos países, si bien con timidez creciente, aún denominan "madre patria" a nuestra gran nación, es decir, toda la Hispanoamérica no sometida a unos regímenes populistas que ahora juegan deslealmente al rechazo de sus orígenes.

De entrada, los Estados Unidos de América no habrían alcanzado su brillante hegemonía actual ni su alto concepto de la libertad y la democracia, cualidades heredadas del mundo anglosajón (debe reconocerse), pero recubiertas de humanismo gracias a que en la mitad sur y toda la costa del Pacífico se asentaron con anterioridad innumerables misiones españolas que aportaron el desinterés necesario, el alma, a tan admirada nación. Y si hablamos del gran continente al sur del río Grande, bastará con exponer un único dato: El 80% de la población del territorio es de raza india o mestiza, lo que demuestra la gran falsedad de quienes afirman que España cometió un genocidio en América.

Y es que España, debido a su grandeza e influencia universal, ha contado desde siempre con enemigos muy poderosos, como por ejemplo Francia e Inglaterra cuando fueron potencias hegemónicas. No obstante, hoy los enemigos son distintos y se encuentra perfectamente identificados. Residen en el interior de nuestro solar: Tenemos en primer lugar a los separatistas de todo pelaje (lo de nacionalistas queda superado por la realidad), que desean con vehemencia descuartizar España y quedarse con unas regiones que consideran de su propiedad exclusiva para, acto seguido, anexionarse las tierras vecinas que asimismo consideran propias. Entretanto, en esas regiones separatistas rara vez se cumplen las leyes y las sentencias. Simplemente: ¡No hay libertad! En segundo lugar, en cuanto a los enemigos de España, debería destacarse al submundo del social-comunismo, cuya característica principal es la falta de patriotismo y el "darle lo mismo" respecto a un avance nacionalista que a menudo secunda por interés o a lo sumo utiliza demagógicamente para sus fines sectarios y a fin de debilitar a la derecha, lo que no se sabe qué es peor.

El tercer gran enemigo de España, casi desde siempre, ha sido la cobardía acomplejada de la derecha, muy especialmente de la derecha actual, cuya indecisión le agarrota la capacidad para gobernar con equidad y le impide poner en su sitio a los nacionalistas, y ello es así a pesar de contar con holgadas mayorías parlamentarias en el Congreso y el Senado. El ejemplo más palpable vendría dado por la actitud frente al gobierno catalán, al que le va suministrando miles y miles de millones de euros cuyo gasto dista mucho de ser el adecuado mientras deja que sus dirigentes insulten a diario a España y los españoles. Y ahora se anuncia, a la par que los pensionistas perderán poder adquisitivo al no ser actualizadas sus pensiones al mismo nivel inflacionario, que para el 2013 deberán destinarse otros 15.000 millones de euros al rescate de las deudas de la Generalidad catalana.

¿Por qué pasa todo esto? Sencillo, porque España ha dejado de existir como nación unitaria. Ha sido así como consecuencia de una clase política dominante desde hace 35 años a la que cabría atribuirle un buen puñado de defectos que se encierran en dos: Corrupción y cobardía, lo que a su vez impide que haya una justicia adecuada, que mangonean, y que la falta de libertad vaya agudizándose mientras aumenta la impunidad de los políticos. Es decir, nuestra patria se haya secuestrada por sus enemigos. Y ante una situación semejante no nos queda más remedio que recuperar España de la casta política que ahora la subyuga. No nos engañemos: A más España, mayor libertad y prosperidad. ¿Cómo se hace algo así? No es fácil, quizá sustituyendo lo antes posible a los partidos políticos dominantes, tan codiciosos como maleados, por otros de conciencia patriótica y con mayor altura de miras, a los que además no les falte el valor para llevar a cabo una gran reforma política. Hay dos formaciones que a mi juicio cumplen hoy esas condiciones, si bien prefiero no citarlas. Será cuestión de meditarlo bien, pero secundar las manifestaciones del 6 de diciembre a favor de la unidad de España no me parece un mal comienzo.

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