domingo, 30 de agosto de 2015

El cuarto poder (365)

Lo peor de España, con gran diferencia, es su clase empresarial periodística. No existe grupo de comunicación en España que haya entendido la verdadera democracia y asuma con valentía su papel de cuarto poder en defensa de la verdad y de la libertad.

Si uno tuviese que buscar el peor gobierno posible para España no andaría demasiado desencaminado al encontrarse con el Ejecutivo actual (año 2005). Si se tratase de hallar un Poder legislativo inoperante y zángano, de esos que en el último año han creado muchos más problemas que han resuelto, nos toparíamos de inmediato con quienes se sientan en las Cortes en estas fechas. Y si la búsqueda la encamináramos a encontrar un Poder judicial responsable e independiente, la desesperanza sería el único hallazgo de nuestras pesquisas. Los tres poderes forman tal cama redonda que es imposible discernir dónde comienza la promiscuidad y en qué punto existe un mínimo de independencia.

Con todo, lo peor de la España de nuestros días no son su clase política o judicial. Una y otra se hallan maniatadas por el apego a los cargos y se limitan a ir a remolque de las consignas que se emiten. Lo peor, con gran diferencia, es su clase empresarial periodística. No existe grupo de comunicación en España que haya entendido la verdadera democracia y asuma con valentía su papel de cuarto poder en defensa de la verdad y de la libertad. Puede haber algún medio aislado que practique con alguna decencia el periodismo, pero casi todos en general, con tal de alcanzar o ampliar sus respectivos proyectos multimedia, se muestran motivados por la codicia y no reparan en usar el servilismo o la extorsión ante los políticos.


 No, en España no existe el cuarto poder. Lo que aquí tenemos podría definirse como un grupo de pandilleros periodísticos sujetos a sus correspondientes amos políticos o viceversa. Prisa representaría el envoltorio de colorines que encierra una mezcla de voracidad e hipocresía. Todo por la pasta, todo por que sean los nuestros quienes firmen en el BOE. Otros no les van muy a la zaga, como el Grupo Z en Cataluña, que utiliza el mismo método mafioso, quizá más pedestre, pero en su caso rinde pleitesía a los inquilinos de la plaza de San Jaime cuando son socialistas, evidentemente. Luego tendríamos el Grupo Godó y su respaldar siempre al Gobierno, sea el que sea, más que nada para seguir comiendo a dos carrillos. Planeta es un enigma aún por desvelar, se sabe que quiere hacerlo bien, con alguna profesionalidad, pero está sometido a presiones fortísimas de ese Tripartito que influyó notablemente en Barcelona y que le obligó a escorarse a babor, de ahí la Sexta TV, madriguera de los políticos cuanto más radicales mejor.

Finalmente tenemos un caso espectacular de actitud camaleónica: Vocento, que es el paradigma más descarado de avaricia. Vocento sólo aspira a ir copando mercado y a darle a cada uno el producto que desea consumir, no importa si es basura o sectarismo puro. Hasta tal punto es así, que sus diarios regionales pueden llegar a contar la misma noticia en blanco o en negro, según convenga. Vocento posee el control de los informativos de Tele 5 (año 2005), y al espectador de ese canal televisivo no duda en ofrecerle cuanta inmoralidad periodística y partidista desea contemplar. Lo mismo que hace con los lectores de ABC, a los que en apariencia les entrega el conservadurismo de toda la vida. Es la cuenta de resultados lo que mueve a Vocento en su labor informativa, tan alejada de la prensa democrática y libre que cualquier país necesita.

Ya vemos que la culpa de lo que está pasando en España no la tiene sólo Zapatero, que no es más que un pobre hombre al que han aupado a su particular ínsula Barataria. Ni siquiera la tienen Carod, Ibarreche o Maragall, el trío de cismáticos a los que la Historia recordará en el papel de cuates de Bellido Dolfos. Uno y otros han sido puestos en sus respectivas poltronas por quienes de verdad controlan los resortes del poder. Al uno y a los otros se les mantendrá en primer plano mientras haya beneficios. Ahora se ha producido una pequeña sublevación de varios de esos grupos periodísticos, pero no ha sido en defensa de la libertad de prensa o de los derechos de la profesión. No, ha sido a causa del reparto de frecuencias y de la tarta publicitaria. ¿Y el honor de la profesión? ¿Y la verdad y el apego a la libertad? ¿Dónde quedan? ¡Qué vergüenza, sólo se mueven por el pienso o el poder!


PD: Artículo revisado y puesto al día en algunos aspectos. Lo que no se ha retocado, sigue igual de mal que hace diez años. El artículo se insertó el 19 de febrero de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal.

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