sábado, 8 de agosto de 2015

El rechinar del tripartito

Hubo dos tripartitos, en el segundo desapareció Maragall y fue sustituido por Montilla. 

1ª Parte: Los antecedentes


Nada más finalizar el recuento de las elecciones catalanas en el otoño pasado, cuando se vio que sólo una fuerza llevaba la combinación ganadora de la bonoloto que decidiría el color del gobierno (nacionalismo de izquierda o nacionalismo de derecha), se inició un “sin vivir” en el PSC y CiU para atraerse como socio a Carod, enredador personaje a quien hasta entonces ambas formaciones le habían hecho la silleta de la reina; es decir, le habían otorgado una especie de trato beatífico, por si acaso, en los (sus) medios de comunicación y en el parlamento autonómico, trato que en gran medida determinó el buen resultado electoral de ERC.

Al finalizar las negociaciones para formar gobierno, Carod acabó confesando que él, desde el principio, sólo contemplaba el pacto con el PSC. Confesión que encorajinó a los de CiU por el paripé al que habían sido sometidos y por el poco tiempo que les quedó para destruir documentos, aunque lo que pretendía en realidad el noi de Cambrils (a saber si es cierto), y así lo declaró en varias ocasiones por si sonaba la flauta, era un todos contra el PP donde se reservaba para sí el sillón de presidente, única forma que Carod concebía en ese momento para acceder por la puerta grande a la Generalidad catalana.


El proyecto de Carod estaba basado en la creencia de que el convergente Mas y el ex alcalde Maragall (uno se resiste a llamarle socialista) sólo hubiesen aceptado a un tercero para presidirles, puesto que entre los dos políticos mayoritarios existe desde antiguo cierta ojeriza cordial, de las de duelo a primera sangre, hasta el extremo de que sólo por Sant Jordi alternan juntos, eso sí, cada uno de ellos en una esquina distinta del Pati dels tarongers, recinto del Palau donde en tal fecha el President suele ofrecer un chocolate a la clase política catalana y a unos cuantos personajes indefinidos.

Los planes de Carod tenían bastante sentido, consistían en hacer de árbitro en la gran final y señalar los penaltis, sólo que Maragall sabía que aquel era su momento o no lo sería nunca, y ofreció y ofreció... sin que los de Esquerra cesaran de argumentar que se trataba de una subasta en la que CiU había situado muy alta la puja. Sin embargo, Carod terminó por convencerse de que su arbitraje no era posible y de que aceptar de jefe a Maragall no dejaba de ser pájaro en mano.

Y es que Pascual, curtido en mil batallas y en toda clase de faroles de póquer, un buen día le comentó que acababa de entregar el importe para la reserva del alquiler de una villa en Italia, y como de pasada, sin mostrar el mínimo interés en gobernar, le expuso a Carod lo siguiente: “Tú mismo, o aceptas lo de Consejer en Cap o me largo otra vez a Roma y ya os apañaréis con la gente de Pujol”.

Carod, que puede ser marrullero como nadie pero que de tonto no tiene un pelo, lo primero que pensó es que si se le iba a Roma el del PSC no tendría más opción que formar gobierno con Más, un tipo joven y listo (los años siguientes lo volvieron un radical cargado de torpezas) con el que CiU seguiría controlando los despachos y los medios de información, en cuyo caso ERC se difuminaría dentro de CiU, igual que ocurrió en la época de Heribert Barrera, y se evaporaría de un plumazo el deslumbrante futuro que le aguardaba. “¡Maldito viaje a Roma, no tengo más remedio que aceptar!”

La coalición CiU, aunque había ganado y se sentía feliz, prefirió morir en la oposición antes que ser muerta accediendo a semejante pacto del todos contra uno, donde seguramente de desharía como un azucarillo bajo la férula de Carod y los celos de Maragall. Y además, nada hacía sospechar por entonces lo que ocurriría como consecuencia del 11-M y el rastro de ignominia informativa que le siguió, esa trilogía de noches de cuchillos largos y ética corta que determinaron la ascensión al poder de un PSOE transmutado en todo a 17 y un ZP que afirmó que validaría cualquier decisión de la cámara catalana respecto a un nuevo estatuto.

Porque los de CiU vaticinaban unas elecciones anticipadas en Cataluña si ellos se mostraban firmes como oponentes a Maragall-Carod, con un PP que en buena lógica debía ganar por mayoría absoluta en Madrid, o casi, que ayudaría a mantener a raya a la pareja de marras y que, además, haría ministro de exteriores a Durán i Lleida y alguna que otra bicoca añadida. Para los sucesores de Pujol, el tándem PSC-ERC no era más que un equipo de mostrencos, en el que nadie reconocía amo, que no tardaría en sentir los primeros movimientos telúricos y desestabilizadores. “Y nosotros —tal vez le aconsejaron a Mas—, prepararemos cuantas operaciones sean precisas para que estos advenedizos (recordemos que sólo CiU tiene derecho a gobernar Catalunya) salgan por piernas del Palau”.

De modo que se formó el Tripartito y a Carod, una vez más, le brillaron los ojos cuando prometió el cargo de Primer Ministro autonómico. Ni Maragall President ni nada de nada, la toma de posesión de Carod (nunca mejor dicho lo de posesión) fue un acto de lo más solemne en el que parecía que acabase de sacar la espada de la piedra y para él se abrieran las puertas de Camelot. Pero lo que en realidad se había abierto era la veda de la sinrazón. Esa sinrazón que determina el menosprecio de cualquier símbolo de España o de los defensores de la libertad para todos, sin etnias, sin inmersiones monolingüísticas, sin hechos diferenciales, sin errehaches negativos y sin acoso a la comunidad vecina.


2ª Parte: Las secuelas

 

Apenas habían tenido tiempo de ventilar el tufillo de CiU de las consejerías, cuando Carod inició su excursión turística a las campas de Perpiñán, esa población francesa donde ERC tiene una delegación que el republicano utiliza para guardar el coche y que no se lo rayen mientras acude a sus conciliábulos. Sabemos que el político estaba citado allí, aunque a saber dónde, porque todo apunta a que llegó con los ojos y el raciocinio vendados, puesto que sólo de semejante modo se puede uno reunir a tomar potes de chacolí con los infames del pasamontañas.

Fue un encuentro en el que, sin que lo admitiera a posteriori más que una de las partes, se acordó liberar a Catalunya del peaje etarra, ya que no es España (miremos el mapa), y por lo tanto debe quedar fuera del “caritativo amparo” y “las acciones liberadoras” que la banda terrorista proporciona. Y el “a saber dónde”, respecto al lugar, se convirtió en un “a saber a cambio de qué”, en relación con lo pactado.

Luego fue su vuelta a Barcelona, su mutismo absoluto durante días y días con Maragall (es preferible creerlo así), y su comportamiento como si aquel fin de semana se hubiese limitado a ir al bosque a recoger setas en lugar de confabularse con unos asesinos. Más tarde surgió la filtración interesada a los medios. ¿De quién? No hay ninguna duda: De uno de esos agentes dobles que comparten ERC y CiU. Que ya se sabe, el funcionario gana poco, aunque sea de la Generalidad, y no queda más remedio que practicar el pluriempleo sirviendo a dos amos.

A continuación vino el sonrojo de Zapatero, que como es habitual en el PSOE se enteró por la prensa de lo acontecido y de la solución que Maragall le dio inicialmente al caso Carod, a quien el President suspendió de empleo pero no de sueldo. Algo que no dejó de enfurecer, al menos durante un cuarto de hora, a un candidato socialista que ante la chapuza timorata e interesada de Pascual veía reducir sus expectativas en una treintena de diputados.

Quien todavía no era ZP, puesto que el marketing comenzó más tarde, exigió destituciones con la misma fuerza que en Cataluña se le respondía que el PSC no es el PSOE y que los socialistas catalanes van por libre porque son otro partido. En llamadas vis a vis, no obstante, Maragall le lloraba a Zapatero: “Mira, José Luis, que si largo a este impresentable él me larga a mí, y tú me necesitas para ganar en Madrid, porque aquí en Cataluña, controlando los medios de la Generalidad, dentro de unos meses te saco yo un chorro de escaños. Y tú a gobernar ahí y yo aquí. Que si no lo hacemos ahora ya sabes que Jesús (del Gran Poder) Polanco me manda a mí a Roma y a ti a León, o te deja de diputado de a pie otros doce años”.

A pesar de que Zapatero era el único que creía que podía ganar, porque Maragall más bien estaba seguro de lo contrario, como aún faltaba algún tiempo para las generales decidieron un “pelillos a la mar” como amnistía política del filoetarra y acordaron que lo mejor para todos era darle a Carod un papel y un lápiz o el crucigrama de La Vanguardia, que ahora es de los de aúpa y encima sale en bilingüe.

Pero Maragall propone y Carod dispone. Y Carod no es de los que se ve a sí mismo rellenando a diario los “mots encreuats” de La Vanguardia, que es como él llamaría al crucigrama. De manera que dimió a lo grande, mostrando los estigmas de las manos y la lanzada producidas por quienes le desacreditaban a causa de su intento de redimir Catalunya, repitió seis millones de veces, una por cada catalán, las palabras del Rey, “hablando se entiende la gente”, que para eso él es republicano convicto, y con la cara del más duro basalto acabó multiplicando sus diputados al Congreso a razón de uno por ocho.

Luego Carod pensó que lo suyo era Catalunya, y que nada de Congreso de los Diputados, que Barcelona está demasiado lejos, vista desde Madrid, y a Maragall hay que marcarlo de cerca. No vaya a ser que tenga algún mal sueño en el que se sienta medio español y por la mala cabeza de Pascual, que ya es President, acabe chafándose la guitarra de su proyecto para “Els Països Catalans”. De modo que Carod dimitió de diputado en las Cortes, lo que no deja de ser un segundo fraude para sus electores: Dos cargos, dos renuncias. Y ahora, con el magnífico patrimonio que el Estado asigna a sus dos grupos parlamentarios, en Barcelona y en Madrid, Carod tiene tiempo libre para maquinaciones a toda máquina, valga la redundancia.

Y fruto de tan bien pagado tiempo libre, a costa de esa España que para Carod no es simpática y que pretende finiquitar, nos encontramos con:

-Una manifestación en Valencia donde se pide la reforma del Estatuto y la independencia de Los Países Catalanes, a la que asistió Carod.

-La deslocalización de varias empresas importantes y la próxima reducción de plantilla en Nissan.

-Un informe sobre medios de comunicación, a dos columnas, donde en una de ellas se refleja a los adictos y en la otra a los pendientes de adicionar. Informe según se dijo redactado por Carod, que para eso es filólogo

-Un vigilar de cerca a Montilla para que presione en el Consejo de Ministros y se agilice el retorno de los archivos de Salamanca, que no es cosa de que con los nuestros tampoco vuelvan.

-Un cantarle la caña a Jordi Sevilla para que suelte la pasta cuanto antes o si no el diluvio.

-La creación unilateral de un calendario para negociar a mano armada con “Madrid” la aprobación del nuevo estatuto, del que se elaboran borradores a destajo.

-El anuncio de que antes de fin de año las parejas gays y lesbianas podrán adoptar niños en Cataluña.

-La afrenta al rey Juan Carlos en el Forum, donde no saben qué hacer para que la gente asista y no se genere un déficit tan tremendo. En cualquier caso, ese déficit lo pagará papa Estado, que para eso España nos roba.

-El portazo en las narices a Jaume Matas por el asunto del Instituto Ramón Llull, todo sea por el diálogo.

-Una subida tremenda de impuestos en el combustible, cuando en el programa electoral del PSC se dejaba claro que no subiría la presión fiscal, más bien se rebajaría.

-Una posible emisión de deuda pública para que la Generalidad se entrampe aún más de lo que está, que Pujol dejó un agujero tremendo en el que las trampas van saliendo de mil en mil, los millones de euros.

Alta política de Carod, metido en todos los "fregaos", como se ve.

Y por si fuese poco, ahora ETA advierte de que la tregua en Cataluña no incluye a "ciertos enemigos". Y la gente tentándose la ropa mientras se mira al espejo y piensa: "a ver si el enemigo al final voy a ser yo".


Artículo revisado, insertado inicialmente el 18 de mayo de 2004 en Batiburrillo de Red Liberal

PD: El presente artículo no tiene casi nada que ver con la realidad de hoy en día, salvo que los políticos que gobiernan las instituciones catalanas siguen siendo más malos que la carne de pescuezo. Lo voy a insertar porque es uno de los artículos que considero mejor escritos, en mi humilde opinión y que Dios me perdone. Y claro, un trabajo bien elaborado siempre apetece leerlo. Adviértase aquí un pronunciado guiño de ojo al posible lector. 

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