lunes, 31 de agosto de 2015

El socialismo de siempre: El puño en alto (1 de 2) (368)

El puño en alto siempre ha significado revolución y quien no lo sepa es que no le ha interesado el tema en absoluto o, simplemente, es un ignorante atolondrado. En una nación como España, que pertenece al primer mundo, goza de plenas libertades públicas y de una economía no de las peores, qué se pretende al levantar el puño en un mitin político. O planteado de otra forma: ¿Qué clase de revolución querrá el socialista radical Pedro Sánchez?   


Incluso Felipe González hace años que no levanta el puño
Dejando al margen a los partidarios incondicionales de la izquierda y del nacionalismo, que constituyen a mi modo de ver una parte minoritaria pero muy alborotadora de la sociedad española (hablo de los incondicionales), para el resto de los ciudadanos hay varias formas de afrontar la política socialista cuando está en el poder, como por desgracia sucedió entre 2004 y 2011.

No, que nadie deje de leer si cree que puede ser antiguo lo que sigue, ya que se va a encontrar ejemplificada la trayectoria del socialismo de siempre, incluyendo la de ese tipo radical, llamado Pedro Sánchez (puño en alto), cuya personalidad cabalga entre la de ZP y la del comunista profundo Pablo Iglesias, como una ministra dijo acertadamente. Ah, y en la segunda entrega de esta breve serie no se pierda un par de imágenes del Socialismo del Siglo XXI. ¡Desternillantes!

Así pues, veamos hasta tres métodos de cómo afrontar lo que se nos viene encima:


1. Tomárselo a guasa y refugiarse en el individualismo. Los lemas podrían ser: “Aquí nunca pasa nada” o “ya escampará”. Una velita al Santo patrono de cada cual tampoco vendría mal para que escampase pronto o... de verdad, de verdad de la buena, no pasara nada.

2. Ejercer la crítica con sordina y a veces con no poca incongruencia, como sería el caso de Mariano Rajoy, un señor al que le votaron casi 10 millones de personas (en 2004), si bien se diría que se siente arropado sólo por un centenar de ellas, y que no ha dudado, tras denunciar la voladura del pacto por las libertades y contra el terrorismo, en ofrecer los votos del PP para que en Vasconia gobierne el socialista López, quien ha hecho ascos a la derecha cada vez que ha podido. Que tome nota Sánchez, que ha preferido apoyar el gobierno de varios partidos separatistas ante que dejar que el PP gobierne a falta de un diputado o un concejal.

3. Iniciar un ejercicio de prospectiva a partir de los historiales poco edificantes del socialismo y el nacionalismo, añadirle a ese ejercicio el aderezo de la situación actual y tomarse en serio el asunto para tratar de predecir, de no surgir un imponderable que trastoque todos los esquemas (como por ejemplo el súper misil que anunció ZP poco antes del 11-M), en qué va a consistir el mundo surrealista y anacrónico hacia el que el socialismo parece conducirnos.

Desde una posición individualista en lo liberal y sin embargo comprometido con el futuro de mi patria, que es la ideología que algunos denominamos liberal-conservadora o liberal-patriótica, me gustaría reflexionar sobre lo que entiendo por tomarse en serio el momento político que vivimos y, ¡ahí es nada!, sobre la posibilidad de ir un poco más allá.

Si el gobierno socialista actuase de un modo semejante a como lo hizo el de Felipe González en sus trece años y medio de poder, poco habría que objetar que no fuese referido a la política social (3.5 millones de parados), a la económica (recesión y déficit abultado en las cuentas públicas), al cumplimiento de la Ley (crímenes de Estado) o a la corrupción (muy generalizada entre los altos cargos políticos). En el caso de González la población tardó demasiado en advertir la perversidad de sus gobiernos, pero acabó reparando en ella y finalmente expulsó del poder a un fulano que nos llevaba a la ruina económica y moral. Eso sí, con bastante salero y no poco desparpajo que al antipático Aznar le costó varios años neutralizar.

No es descartable que en la actualidad puedan darse casos felipistas; de hecho, los presupuestos generales del Estado para el 2005 (y nada hace pensar que no suceda lo mismo en los siguientes años) se han confeccionado con la intención clara de beneficiar a la comunidades gobernadas por el PSOE y sus asociados separatistas y en perjuicio claro de los territorios que rige el PP, lo cual constituiría, analizando a fondo la cuestión, una prevaricación a gran escala que, por sí sola, bastaría para exigir la dimisión de un gobierno tan radicalmente injusto y al mismo tiempo tan presuntuoso de lo contrario.

Para quienes además se sientan preocupados por el prestigio y la economía de nuestra patria, poco ayudará a reconfortarle el hecho de enterarse a diario que somos el hazmerreír de medio mundo, puesto que únicamente contamos para ciertos gobiernos dictatoriales, como puedan ser el de Cuba o el de Venezuela (Socialismo del Siglo XXI). Los abrazos que ZP se dio con Chirac y Schroeder, esos fulanos que en su día hablaron entusiasmados del regreso de España al “corazón de la UE, de momento sólo han servido para que ambos mandatarios anuncien su intención de dejarnos sin fondos de cohesión. Y eso que aún no ha entrado en vigor el engendro del Tratado europeo (llamado aquí Constitución) y en la práctica sigue en uso el acuerdo de Niza, según el cual ZP podría vetar la decisión franco-germana de expropiarnos unos derechos. ¿Lo hará ZP? Lo dudo, más bien aceptará sonriente y atolondrado el chocolate del loro que quieran ofrecerle, junto a otro par de abrazos, claro.

En el tema de la seguridad, asunto que no es moco de pavo en una España acostumbrada a la buena vida y a unas Fuerzas Armadas tan escasas como mal dotadas, este gobierno no ha reparado en gastos a la hora de ofrecerle a nuestro principal enemigo, Marruecos, una partida de material bélico considerado de carácter ofensivo. Eso sí, a precio simbólico, que es como se ha preferido llamar al regalo que le entregarán al sultán Mohamed. Y además, para más inri, se lo regalarán a nuestro principal litigante territorial, que es al mismo tiempo nuestro mayor proveedor de inmigrantes ilegales y partidas de droga y, pásmense, con la ilusa intención de que los carros de combate, puesto que de ese material se trata, sean usados, si llega el caso, contra nuestro vital abastecedor de gas natural: Argelia. ¿Se puede ser más tonto o sería preciso el uso masivo de células madre para engendrar a un ejemplar de superior calibre de estulticia?

Pese a todo lo descrito, que bastaría para que la población se echara a la calle y expulsara a gorrazos a un tipo tan dañino como es ZP, lo más importante de lo que ocurre en España no es ni la economía (que irá a peor), ni la seguridad de nuestras fronteras (apenas existente), ni mucho menos el prestigio internacional (algo que hay que buscar a la altura del subsuelo). Lo verdaderamente importante es la unidad de la Nación española, un hecho que a la larga, de mantenerse como en los últimos 500 años, permitiría afrontar cualquier crisis por muy profunda y prolongada que fuese.

Pues bien, en este apartado, el de la unidad de España, es donde peor conducta está exhibiendo el gobierno socialista. Sus concesiones a los nacionalistas pueden llevarnos en un plazo de seis a ocho años a una España compuesta por los territorios que hoy gobierna el PP, más Castilla-La Mancha y Extremadura, y una serie de apéndices, a cual más interesado, a los que se les habrá concedido el rango de nación. La tendencia de lo que ahora se observa es que algún día Cataluña, el País Vasco y Navarra, cada una con sus respectivos cupos que no alcanzarían a pagar los servicios que les prestase el Estado, especialmente en el caso de las dos primeras, se mantendrían unidas a España por un pelo, o sea, por puro interés y con el único propósito de seguir vendiendo sus productos. Andalucía, Asturias y Canarias, asimismo naciones sedicentes para entonces, quedarían enganchadas a España a través de otro pelo, solo que en este caso sería para evitar la pérdida de las subvenciones o el turismo peninsular.

Galicia es un enigma que se despejará a corto o medio plazo. Si cayera Fraga en las próximas autonómicas, el territorio pasaría de inmediato a ser una nación como consecuencia del pacto PSOE-BNG, que ya se sabe que los socialistas se mueren de gusto si pactan con los separatistas. Y a esa nueva nacionalidad le seguiría, cómo no, un nuevo cupo sanguijuela tipo vasco. Si el PP siguiese en el poder en Galicia, con o sin Fraga, pero decidiera mantener en las escuelas ese nacionalismo de baja intensidad que ahora practica y que a la larga calará igualmente en la población, no habremos hecho sino aplazar un conflicto en el territorio gallego que tarde o temprano determinará la caída del PP y la suma de Galicia a la nueva hornada de naciones. Por su parte, el gobierno socialista de Aragón lo tiene claro: lo que diga Maragall es palabra de Dios para Marcel.lí.
En breve la segunda parte.

PD: Artículo revisado y actualizado, insertado el 2 de mayo de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal

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