lunes, 31 de agosto de 2015

El socialismo de siempre: Socialismo del Siglo XXI (2 de 2) (369)

Al Socialismo del Siglo XXI, representado por este grupito de ocho 'modernos' (uno de los cuales ya ha 'palmao'), tan solo le faltan Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Errejón, cuyas ideologías poco tienen que envidiar a la de los cavernícolas de la 'afoto'. Ellos y los nuestros son pura modernidad.

Viene del artículo anterior:
En cada una de las nuevas comunidades autónomas con jerarquía de nación, las federaciones regionales del PSOE dejarán de exhibir esas siglas, como ocurre ya en Cataluña, y el siguiente paso será declarar que sus respectivos partidos nada tienen que ver con el PSOE, sino que son formaciones diferentes y nacionales (en el sentido nacionalista), algo que igualmente ha sucedido en Cataluña. Eso sí, como hacen ahora los socialistas catalanes del PSC, seguirán formando parte de la Ejecutiva Federal, sin que les afectase ninguna obligación y accediendo a todas las ventajas. En consecuencia, mantendrán la capacidad de elegir al primer secretario del PSOE, cargo que recaerá siempre en un individuo de la calaña de Zapatero (ahora vemos que se ha cumplido al tratarse de Pedro Sánchez), cuyo perfil imprescindible para ser elegido es que sea partidario de conculcar cuantas normas y leyes llegó a tener España como nación unitaria, lo cual podría resumirse perfectamente en un eslogan tan al uso socialista: Todo para la parte (cualquier región), nada para el todo (España).

Tales circunstancias determinarán, en un plazo de tiempo que no deberá superar las dos o tres legislaturas, la pérdida del poder socialista en el “gobierno central del Estado español” (como gustan llamarlo en la periferia díscola) o en su defecto “gobierno de Madrid”, si es que para entonces no se ha fundado ya una nueva capital en un páramo de La Mancha y se le ha dado el nombre de algún socialista conspicuo, por ejemplo: Ciudad Paulina o Nueva Iglesias, por Pablo Iglesias, el fundador de la Secta del PSOE. En efecto, anteriormente dije que el asunto había que tratarlo en serio y, evidentemente, no puede ser más serio el hecho de despojar a Esperanza Aguirre y al PP de una capital que ellos, los burócratas de la izquierda y el nacionalismo, consideran que “chupa del bote”. ¿Cuántas pegan creen que pondrían Carod o Ibarreche o Chaves, y no digamos Maragall o su sosias Marce.lí, si se les hablase de trasladar la capital del Estado español a Dios sabe dónde y reducirla a un pueblo de 50.000 habitantes? ¡Eh!, ¿cuántas? 


Sea como sea, con la deriva constante hacia la fractura de hecho (quizá no teórica) de la España multicentenaria, el PSOE deberá perder el poder en unas tres legislaturas (lo hizo en dos) o incluso antes. Recordemos, a tal efecto, que la unidad de medida del hastío de la población española respecto al socialismo es de 13,5 años, claro que eso fue así cuando sólo se dedicaban a asesinar y robar y aún no habían puesto en almoneda lo que para muchos es irrecuperable: España.

Ya se comentó que a la caída del zapaterismo podríamos encontrarnos con un puñado de naciones (cuento hasta seis o siete) y un resto de España (que diría un inmoral llamado Maragall) atacada desde hace tiempo en su economía, y por tanto empobrecida, a causa de los favores y prebendas que el socialismo de ZP irá repartiendo entre sus secuaces y cómplices. Para entonces es posible que el PP ni siquiera exista, porque Rajoy no parece un individuo capaz de aunar con fortaleza a su partido durante dos o tres legislaturas en la oposición. Y en lontananza no se vislumbra en la derecha ningún candidato con carisma y un par de narices, luego lo más lógico es pensar que el socialismo perderá el poder ante una coalición de partidos de derecha y, es posible aunque no deseable, de extrema derecha.

Tal catástrofe política, que ya se sabe que sólo la izquierda tiene legitimidad para gobernar, determinará un período de inestabilidad social en el que de nuevo volverán a usarse las manifestaciones callejeras. Entre los años 2002 al 2004, con un PP que disponía de mayoría absoluta holgada, que trataba de centrase como partido y que disponía de todas las encuestas a su favor, Aznar se tomó a risa (gran fallo) las exhibiciones de pancarta que Zapatero, Llamazares y los nacionalistas le organizaron durante dos años. Si esos mismos hechos se produjeran dentro de 8 a 12 años, con una coalición de gobierno de la derecha, quizá más precaria y mucho más radicalizada, me temo que no despertaría la risa de ningún político en el poder; si además coincidiera con una España reducida a la mitad en cuanto a su lealtad declarada, no serían simpatías ni sonrisas lo que despertarían las manifestaciones agitadoras, bien al contrario. Si la España empobrecida aún así se mantuviera altiva frente a “naciones” garrapata que no dejaran de azuzar en contra por temor a que el nuevo Gobierno (esta vez con mayúscula) recuperase competencias, todo apunta a que podría producirse más de un baño de sangre, con actos de violencia generalizada y deseos de desquite ante una izquierda y un nacionalismo que jamás ha contado en su haber con valores democráticos.

El socialismo, sea del siglo XXI o del XX es lo que conlleva, desabastecimiento y colas inmensas para comprar lo más necesario. Ocurrió así en la Europa del Este, durante 75 años, y ahora está sucediendo en América del Sur, concretamente en Venezuela, donde se tomó la imagen. ¿Cuántas veces deberemos contemplar la miseria para advertir de una vez lo que supone el socialismo? 

El futuro al que el socialismo nos lleva no puede ser sino violento, quizá sangriento, empobrecedor y dictatorial, como sucede en Venezuela y otra media docena larga de países sudamericanos. No por el hecho de votar existe la democracia en un territorio. Para llegar a ese futuro, la izquierda y el nacionalismo usarán métodos arbitrarios, inmorales y propagandísticos. Incrementarán la práctica de la aculturación sobre los ciudadanos (también llamada adoctrinamiento) o, simplemente, dejarán que el analfabetismo funcional se propague desde la educación primaria hasta la universidad. Ni una sed de agua para quien desee aprender a ser libre, ni una sed de agua para las tierras sedientas, dos nuevos eslóganes que deberán superponerse. El objetivo de quienes ahora mandan en España (año 2005) no es otro que el feudalismo del siglo XXI disfrazado de socialismo, con vasallajes y señores que posean derecho de pernada sobre sus poblaciones. Todo valdrá con tal de mantenerse en el poder.

Una nueva década nacional-socialista-populista a partir de 2016 puede hacer retroceder a España hasta media centuria, en riqueza, en bienestar, en armonía, en calidad de vida. Y aún así, si la patria se mantuviese unida o hubiera posibilidades de reunificarla más tarde, todo tendría remedio. Sería la tercera y acaso definitiva gran lección de la Historia. Una lección que nos llevaría a aprender y a valorar lo que jamás debe consentir el pueblo español: el nacional-separatismo. Una gran lección que debería llevarnos a convertir a España en circunscripción electoral única: Un hombre, un voto, y todos con el mismo valor. Una gran lección que debería establecer, blindados convenientemente, separación real de poderes. Una gran lección que debería eliminar de cualquier institución pública la posibilidad de controlar y conceder licencias de medios audiovisuales.

El socialismo, a su vez, tras lo que probablemente sería su tercera gran estafa a la Nación (años 30, años 80-90, años 2004 y siguientes), como mucho debería ser testimonial si es que alguna vez llega al poder una derecha menos acomplejada que la del PP. Una derecha que debería de encargarse de airear convenientemente, no como hizo Aznar al mantener altos cargos socialistas y evitar levantar las alfombras, cuantas maldades cometió la izquierda en sus 125 años de inmoralidades.

Opuestamente a la impresión que pueda darle a los que hayan leído mis artículos relacionados con el socialismo, nada tengo en absoluto contra del socialista de base y, en general, contra la ideología misma, pero siempre que se trate de una socialdemocracia civilizada, no de este socialismo sarmentoso y radical, cargado aún de guerracivilismo (en este mismo mes el socialista Odón Elorza pide dinero para asaltar el Valle de los Caídos), que nos invadió en 2004 a la llegada del rencoroso ZP y sobre el que no pocas fuentes aseguran que en Pedro Sánchez veremos a su continuador.


PD: Artículo revisado y actualizado, insertado el 2 de mayo de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal

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