sábado, 22 de agosto de 2015

Encuentros en la Tercera Fase (divertimento) (349)

Dos sujetos que pasaron a la historia de la política, cuyas biografías han quedado archivadas en la doble 'P', de 'Perfectamente Prescindibles', pero... ¡hay que ver la de guerra que dieron en su momento! 

Zapatero ha recibido a Ibarreche y le ha atendido durante casi cuatro horas. Al presidente de la Nación española, de tener un par de narices como Dios manda, le hubiese bastado un simple movimiento de cabeza, de tú a tú y mirándole a los ojos, para decirle que 'No' a Ibarreche y a sus planes de independencia. Ignoro a qué se han dedicado durante tanto tiempo los dos políticos. Y lo que es más, probablemente ZP también lo ignora.

No me extrañaría que Ibarreche, aludiendo a ese diálogo del que ambos presumen pero ninguno practica salvo para imponer sus propias tesis, se hubiese limitado a leerle a su anfitrión, párrafo a párrafo y parándose en las comas, aquellas partes del Plan que no son especialmente dañinas con España. Eso sí, omitiendo adrede cuanta cláusula perversa quiere colocarnos el muy trilero. Puesto que un embaucador, como poco, es quien aseguró con la boca grande que jamás pactaría su proyecto con la ETA, y en el que, además, alude siempre a la muletilla “en ausencia de violencia”. Y mira por dónde, resulta que como documento adjunto del Plan que ha trasladado a la Moncloa, lo primero que aparece es la carta del jefe de los pistoleros, un tal Ternera, leída en el Parlamento vasco por el brazo político del terror.


Se cree que mientras Ibarreche leía a su aire, que es un estilo de lectura tan espeso como su oratoria (decididamente en ausencia de brillantez), lo más probable es que ZP no haya dejado de dar cabezadas de somnolencia como preámbulo a un apacible dialogar en sueños. No hay que descartar tampoco que en los momentos de duermevela, cada vez mas duerme y menos vela según oía lo de "vascos y vascas", al Presidente le haya asaltado alguna pesadilla, seguida de un repullo al despertarse y observar frente a sí la imagen de quien pretende socavarle el Estado.

Incluso es posible que en algún mal sueño producido por la incomodidad de la siesta, que hay que tener guasa para juntar a dos sosos a las cuatro y media de la tarde, ZP se representase a Ibarreche serrándole una pata del sillón, que es la alegoría pueril a lo más que llega la mente del “Presi-ente” para imaginar a un País Vasco dispuesto a escindirse. De todos modos, al entreabrir definitivamente los ojos, luego de soltar un par de bostezos de reglamento, de comprobar que su interlocutor ultimaba la lectura y cerciorado del tiempo transcurrido, ZP quizá hizo lo normal que cabe atribuírsele: Frotarse las manos al comprender que había rentabilizado a tope cuatro horas de cabezadas, con el resultado previsto de puritito talante y diálogo entre ambos.

A partir de ahí, su pensamiento fue radicalmente entusiasta: “Mientras yo he talanteado para mis adentros, tú has dialogado con el infinito. Sean dadas las gracias al cielo civil por haber apartado de mí este cáliz de Ibarreche. ¡Jo, qué bueno soy!”. A ver si no va a ser bueno un nene mofletudo que duerme como un angelito mientras una bestia parda escupe sandeces.

El socialista, de cara a las próximas autonómicas vascas, está convencido de haber ganado unos 100 mil votos por hora de siesta, su Zen así se lo asegura. Qué lástima haberse despertado tan pronto al cesar el runrún de la lectura de Mister Spock. De haber escogido otro documento el “cejolari”, como por ejemplo el tocho de la Constitución europea, las horas de siesta no hubiesen bajado de siete y quedaba garantizada la mayoría absoluta para el PSE y su colega López en el mayo vascongado que se avecina.

Ese mayo electoral que como no calmen las aguas de aquí a entonces, y las ínfulas de quien se cree que ser “lehendakari” por la mínima autoriza a montar expediciones a Marte, dejará en pañales al mayo francés del 68. ZP probablemente admite para sí que no se ha atrevido a comentárselo a su visitante, pero mayo puede ser un mes adecuado para echarse al hombro la pancarta y pasear el “Nunca Mais” por las calles de San Sebastián y Bilbao; seguido en cada ocasión, eso sí, de trescientos mil socialistas dispuestos a enfrentarse “a tortas” a otros tantos abertzales de cualquier condición. ¿Qué, no es creíble? Pues que se sepa que lo del asalto a las sedes populares en la jornada de reflexión del 14-M, quemas y volcados de estiércol incluidos, no fue más que un ensayo general del método dialogante de la izquierda.

Seguro que el rebelde vasco no da por bien invertidas las horas de abducción dentro de la nave monclovita, tripulada a su parecer por una suerte de alienígena dormilón y a ratos sonriente como un bebé que entre ronroneos se le oía decir “sí, Sonsoles, lo que tú digas”. No, el sujeto que es partidario de hacer hablar a la ciudadanía si se tuercen sus planes, una ciudadanía que debería presentarse ante las urnas con un dedo estirado para recibir el pinchazo y comprobarle primero el Rh (en ausencia de Rh), no es partidario de sonrisitas y ambientes distendidos, ya que a su juicio todos los que no lleven boinas mentales y frunzan el entrecejo son extraterrestres.

Pero al testaferro de Josu Ternera sí le ha reconfortado, y mucho, la parafernalia de su entrada y salida de la nave. Junto a la rampa de acceso a la Moncloa había de todo, incluso una bandera de buen tamaño, con palitos de colores (“¡qué buen gusto tuvo Sabino al copiar el diseño a los británicos!”). Y es que allí le recibió el propio Dark Zapatero, más bien serio y sin que valgan otras interpretaciones, como corresponde a un acto tan solemne. Sólo le faltó el órgano multicolor de Spielberg en “Encuentros en la Tercera Fase”. Aún así, quedó claro que se reunían de igual a igual, ambos con un talante y una sed de diálogo inagotables, dos representantes de mundos muy opuestos en esta Galaxia, dos 'seniors' que nada tienen que ver el uno con el otro, como se demostrará cuando la “Federación Eusquérica” lo ratifique en mayo.

Moraleja: Un par de tipos torpes y poco amantes de la Ley, clave de todo este asunto, son capaces de meternos a los españoles en el mayor de los berenjenales. Los nacionalismos no tienen arreglo, sólo un nacionalista opinaría lo contrario. Cuando les vienen mal dadas, ivernan en sus madrigueras y se compadecen a sí mismos a moco tendido, como ocurrió durante el mandato de Aznar, a quien más de un sectario culpa aún de este ambientillo a vino rancio mientras se olvida del historial tan infame del PNV y ERC.


Pero si encima al nacionalismo, cada día más desbocado y en más territorios —que el nacionalismo no es nada sin el expansionismo—, se le arrojan sonrisas a capazos, puede asegurarse que el asunto no acabará bien. ¡No señor! ¿Solución? Solamente hay una: Rescatar para el Estado las competencias en educación y a esperar con estoicismo que pasen por las aulas otras dos o tres generaciones para que el ciudadano se normalice y le interese la política estrictamente desde el prisma del bienestar común, como suele ocurrir en esas naciones donde a sus habitantes no se les quema la sangre a diario por cuestiones que en España deberían haberse olvidado hace más de cinco siglos.

Artículo revisado, insertado inicialmente el 14 de enero de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal

PD: Y ya que hablamos de tipos torpes y poco amantes de la Ley, que a nadie se le ocurra pensar que se alude a Artur Mas y Oriol Junqueras, ¿o sí?

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