viernes, 7 de agosto de 2015

Esa gloria inalcanzable

La gloria implica desinterés, grandeza y amor, sea a la patria o a la especie humana, sea mediante la creación de una obra personal o la entrega generosa y eficaz al gobierno de una nación. 

Siempre he creído que la política y quienes la practican están para servir al pueblo. De acuerdo, acepto que es un pensamiento de lo más ingenuo y que, en realidad, lo que menudea es el político aprovechado que trata de alcanzar un cargo que le permita ganarse la vida o que le aporte notoriedad, que es la siguiente etapa en las apetencias humanas cuando ya se ha conseguido el patrimonio necesario.

Según la definición anterior, el político buscaría primero el bienestar y luego la fama, que es algo así como la consolidación del bienestar, pues no hay personaje notable que no prospere de un modo u otro. Pero... ¿y luego? ¿Qué viene después de la notoriedad consolidada? Sin duda la gloria, algo sólo al alcance de unos pocos mortales. La gloria, que equivale a la eternidad en el recuerdo y es algo así como prolongar nuestra existencia en boca de otros.


Se puede llegar a la fama mediante obras destructivas, pero nunca a la gloria, frase que firmaría a gusto maese Perogrullo aunque no por ello sea menos cierta. Atila o Hitler, si en realidad fueron como nos los han descrito, son personajes históricos bastante famosos, también Stalin o Nerón, pero sus expedientes no abandonarán el Negociado de la infamia, a cargo de la Dirección General de los sin laureles o loas a sus acciones.

La gloria, por el contrario, implica desinterés, grandeza y amor, sea a la patria o a la especie humana, sea mediante la creación de una obra personal o la entrega generosa y eficaz al gobierno de una nación. Cervantes representaría la gloria privativa puesta al servicio de sus semejantes; su fama, además, es universal y eterna. Floridablanca, ese secretario de Estado tan desconocido como admirable, cuyo nombre suena a calle o bulevar, es quien parece el más glorioso de entre los de su especie.

En el panorama político de la España democrática hay un sinfín de personajes que han buscado el bienestar personal, la fama o la gloria, considerando cada cual, como es lógico, hasta dónde quería llegar y en qué consistía esa gloria pretendida. Como me gusta opinar, si es posible introduciendo matices polémicos que fomenten la participación (que para eso crea uno este tipo de bitácoras personales), voy a dar una relación de políticos españoles de la era constitucional y a indicar brevemente lo que opino de ellos:

-Adolfo Suárez: Fue un político honrado, no carente de valor y amor a la patria, pero desacertado en su gestión. Creó las bases para la España fracturada en su afán de contentar a todos. Se le recordará como bienintencionado y medianamente eficaz, pero muy lejos de la gloria.

-Leopoldo Calvo-Sotelo: Un político decente y gris, sin carisma alguno. Ni siquiera alcanzó la fama pese a ser una de las personas más cultas y preparadas que ha pisado la sala de un Consejo de Ministros.

-Felipe González: Pasará a la historia como un político sin moral alguna. Sobre él recaen cuantas acusaciones delictivas y corruptelas puedan imaginarse. En su etapa de ex presidente, el rencor es la característica que mejor le define. La fama adquirida en su larga etapa de gobierno será similar a la de Atila, destructor de cuanta hierba su caballo pisó. En 2015 parece haberse conformado hace tiempo de su decepcionante papel político, tan afectado por la corrupción y el crimen de Estado. Ya no exhibe el mismo rencor de la etapa en que gobernaba Aznar.

-Manuel Fraga: Honrado, eficaz y trabajador, pero déspota, muy déspota y desconfiado. Es el que estuvo más cerca de parecerse a un político profesional. No supo retirarse a tiempo y perdió parte de su reputación, tan valiosa en otros aspectos, al incumplir la promesa de abandonar la política tras dos legislaturas. Será recordado como un buen político, salvo para cierta izquierda que lo odia con pasión, pero igual que Suárez quedará lejos de la gloria.

-Santiago Carrillo: Cínico y pragmático. Pasará a la historia más por sus actuaciones en la República, como la de Paracuellos del Jarama, que por su larga etapa al frente del Partido Comunista en época democrática. Por su condición de sicario y genocida, la mala fama es fácilmente alcanzable para él. La izquierda radical lo adora, desde luego.

-Jordi Pujol: Listo pero no inteligente, entusiasta, mezquino, equivocado, oportunista, rencoroso, ególatra y amante de su pequeña y exclusiva patria catalana de diseño (No confundir con Cataluña, que es algo muchísimo más importante). Aunque nunca lo ha reconocido, odia a España del mismo modo que el matojo debe odiar al roble, porque le hace demasiada sombra. Es el típico caso de quien prefiere ser cabeza de ratón que cola de león. En 2015 perdió el poco crédito que le quedaba al confesar ser un delincuente.

-Xabier Arzallus: Ingenioso, dogmático, cómplice, fanatizado, xenófobo y pobre de espíritu. Carece de la grandeza necesaria para valorar la diversidad. Pasará a la historia en el apartado de la letra pequeña dedicado a: Gente de medio pelo y bichos raros, junto a Juan José Ibarreche.

-José María Aznar: El único estadista que ha dado la democracia. Si hubiese sabido sonreír a tiempo y practicar la sutileza rozaría la perfección y la gloria. La historia le rehabilitará con creces a condición de que en su vida civil no derroche su enorme patrimonio político.

-José Luis Rodríguez Zapatero: Un bobo solemne con bastante malicia. Un desastre total como gobernante. Sin duda odia a España y a más de la mitad de los españoles, de lo contrario jamás hubiera sembrado tanta cizaña entre nosotros.

-Mariano Rajoy: Eficaz a cámara lenta, lo que equivale a perder buena parte de su eficacia. Aun contando con una abrumadora mayoría absoluta en todas las instituciones, le faltó valor para acometer las grandes reformas que España precisaba. Ahora ya es tarde. Ojalá saque un buen resultado electoral (y no se den otra combinaciones) que le permita seguir gobernando con Albert Rivera de vicepresidente.

-Pedro Sánchez: Torpe, oportunista, mala leche y estalinista, como lo demuestra cada una de sus decisiones políticas, incluido dar soporte a los separatistas en varios ayuntamientos (con tal de que no gobierne el PP) y también el hecho de purgar según el método de Stalin a más de la mitad de la federación madrileña del PSOE y otros muchos cargos en media España. Si llega al poder, Dios no lo quiera, será mucho peor que Zapatero.

-Pablo Iglesias: Un antidemócrata que destila todo el odio del mundo. El capricho y la irresponsabilidad política guían su proyecto totalitario. Si llega al poder, nos pasará como en Grecia y Venezuela (anteriormente en Argentina): De entrada le acompañarán el corralito y el desabastecimiento. Y las siguientes elecciones serán amañadas, al estilo Maduro, el sucesor del gorila rojo. 

-Albert Rivera: Ahora tiene la ocasión de oro, salvo que se eche en manos del radical Sánchez, para participar en un gobierno y demostrar su valía haciendo que Rajoy acometa las reformas necesarias que regeneren nuestra Nación. Rivera, como vicepresidente del Gobierno con Rajoy, puede llegar a ser el estadista que tanta falta nos hace con vistas a la próxima generación. Su buen hacer durante la próxima legislatura como segundo del Ejecutivo deberá consolidad a Ciudadanos como un partido capaz de alcanzar a medio plazo la mayoría parlamentaria.

¿Y Artur Mas? ¡Ah, ese tronao¡ Pues mira esto.

Artículo revisado y actualizado, insertado inicialmente el 27 de mayo de 2004 en Batiburrillo de Red Liberal

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