sábado, 1 de agosto de 2015

Sobre la 'voluntad de ser' en el nacionalismo, 5 de 5

El nacionalista se contempla a sí mismo como un superhéroe dispuesto al sacrificio por la más noble de las causas. Si alguna vez fuese capaz de conocer de qué modo vemos los demás su causa, saldrían huyendo hasta perderse para siempre entre la gente no adoctrinada.  

Sin pretender aderezar estos articulillos con ingredientes filosóficos, que uno es aprendiz de todo y maestro de nada, debo reconocer que no me resisto a analizar el sentimiento de la “voluntad de ser” para tratar de situarlo, si fuese posible, en el grupo de las pasiones dañinas al hombre o, por el contrario, en el de las inocuas. La tercera opción sería ubicarla en el de las pasiones beneficiosas, pero llegar a ese extremo me parecería el colmo de la ingenuidad. Vittorio Alfieri, un poeta italiano de finales del siglo XVIII, llegó a afirmar lo siguiente: "Poseerá raro y celestial don el que sepa sentir apasionadamente y razonar con mesura al mismo tiempo".

La “voluntad de ser”, por lo que se conoce de quienes declaran poseerla, puede representar cualquier cosa menos un sentimiento tibio. Es más, ni siquiera supone la emoción particular de tal o cual individuo que pretende alcanzar, por sí mismo, una determinada meta, sino que el sentimiento para lograr su propósito debe expresarse de un modo colectivo, a poder ser multitudinario. Y lo más grave del caso, como ocurre con toda ideología que afecta a multitudes, es que su desarrollo o consecución de objetivos alterará muy negativamente a los que no piensen del mismo modo, ya que se les obligará a secundar actitudes en absoluto deseadas, por no decir aborrecibles.



La “voluntad de ser”, analizada desde el punto de vista del liberalismo, es un sentimiento que no resulta fácil de ubicar en el grupo de las pasiones inocuas, puesto que tiende a imponer sus principios a cuantas personas quedan cercanas a los poseedores del “ser”, se muestren o no de acuerdo con sus postulados. Dicho de otro modo, en lenguaje llano y nada filosófico: El poseedor de la “voluntad de ser” a menudo está imbuido de un carácter o condición totalitaria, resultado lógico de cuanta aberración ha influido en él a lo largo de los años. Así, pues, dejémoslo meridianamente claro: ¡Nadie se hace nacionalista de repente, hay que mamarlo!

Aunque disfrace su actitud despótica con los ropajes de la decisión democrática del pueblo en una consulta plebiscitaria, el poseedor de la “voluntad de ser” no ignora que dicho pueblo solamente deberá manifestar su voto tras un proceso de a): adoctrinamiento intensivo durante al menos una generación completa, b): en condiciones de precariedad democrática, c): con medios de comunicación especialmente decantados hacia el poder que promueve la consulta, tras largos años de subvención a esos medios y d): disposición a incumplir varias leyes que afectan a todo el territorio del Estado. Es decir, burlando la Ley. En resumidas cuentas, el poseedor de la "voluntad de ser" es, casi con toda seguridad, perfectamente consciente de haberse situado en el bando de los delincuentes.


PD: El presente artículo finaliza la serie "Sobre la voluntad de "ser". No está enlazado a Batiburrillo al no haberse insertado en su día. 

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