sábado, 12 de septiembre de 2015

Las verdades de cada cual (398)

Si bien no es lo más corriente, sí es posible ser socialista y patriota español. El extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra es un claro ejemplo de ello. Y encima, a diferencia de mucha gente de esa izquierda tan propensa a las consignas y eslóganes de poco contenido, Rodríguez Ibarra posee el don de razonar con mucha claridad sus ideas. 

Que el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, sea un personaje populista incapaz de sacar a su región del último puesto en muchos índices de desarrollo —tal vez porque esa querida tierra extremeña partió con demasiada desventaja al inicio de la Transición— no obsta para que a veces puedan compartirse algunas de sus ideas. Ahora Ibarra acusa a los nacionalistas periféricos y afirma que: esa falta de lealtad ‘de los menos con los más’ ha sumido a este país, después de 27 años de aprobada la Constitución, ‘en un sinsentido territorial’. En realidad, actualizando la frase al año en que vivimos, 2015, cabría añadir que la falta de lealtad se ha centuplicado después de 37 años.

Es exactamente lo que yo creo y por tal motivo no hace mucho comenté que la Constitución española ya no me gusta. A mí el cuerpo me pide una Carta Magna que le conceda algunas competencias a los municipios y para de contar. Si la coartada de los nacionalistas es pretender que la Administración se acerque al ciudadano, más cerca que en cada pueblo es imposible. A las 17 naciones y nacioncitas que les den mucho por donde amargan los pepinos. El sinsentido de ahora, que dice Ibarra y yo secundo, no sé si acabará alguna vez o si primero será España la que se acabe. Lo que sí es cierto es que no podemos vivir indefinidamente en el filo de la espada, que es esa situación en la que en cualquier momento puede surgir un descerebrado con el poder suficiente para darnos un disgusto a todos.
Ibarra concluye sus comentarios en La Razón con un párrafo de los que yo firmaría a gusto donde hiciera falta: Fue un error considerar antifascistas a los etarras y fue un error considerar leales con una nueva concepción de España a los nacionalistas periféricos. Ni unos ni otros expresaron con valentía su condición. Los asesinos ocultaron su instinto criminal y los nacionalistas periféricos ocultaron su instinto independentista. Contra el secesionismo, la Ley, a condición de que haya un Gobierno que se vista por los pies. Y si no basta, debemos retirarle nuestro apoyo a quien consienta que la Ley se conculque e impulsar una reforma adecuada de la misma y destinada al bien común, no a contentar a los cismáticos.
Las propias palabras del socialista Ibarra, pronunciadas sobre todo contra la forma de proceder de su partido, que es el que está consintiendo un desaguisado tras otro, demuestran que el cáncer del nacionalismo corroe ya a toda la Nación española y hace que nos enfrentemos, de momento verbalmente, incluso gente de la misma tendencia política. Podrá decirse que tenemos lo que los ciudadanos han querido tener y que en democracia cualquier idea es defendible con la palabra. Muy bien, lo acepto. La voz del pueblo es la voz de Dios, siempre que ese pueblo tenga alguna posibilidad de expresarse libremente y no se encuentre tan manipulado por su clase política, como ocurre sobre todo en Cataluña y Vascongadas desde hace más de 35 años.
Precisamente por todo ello, al constatar que este modelo de Estado no funciona y es proclive a toda clase de engaños, traiciones y posturas insolidarias, en lo sucesivo voy a defender otro modelo en el que las comunidades autónomas no existan. Muerto el perro se acabó la rabia, desaparecidas las comunidades y los fueros el nacionalista lo será de su pueblo y poco más. Ibarra, como los niños y los borrachos, dice la verdad de lo que piensa. O eso creo. Ya va siendo hora de que algunos otros digamos nuestras verdades. A mí me interesa una nación que funcione y de la que sentirme orgulloso, la española, lo que hay ahora no me enorgullece nada porque mire hacia donde mire todo es odio y enemistad.
Es evidente que los políticos no se dedican a crear las condiciones más favorables para impulsar nuestro bienestar y seguridad, bien al contrario, invierten todo el tiempo en conciliábulos y maquinaciones desestabilizadoras. Véase si no la reunión entre ZP e Ibarretxe, de la que nada sabemos pero de la que se sospecha lo peor a juzgar por la trayectoria de ambos fulanos. Véase esa otra entrevista donde Maragall y Mas, otros dos sectarios omnipotentes, acordaron pasarse por un determinado lugar buena parte de las recomendaciones del Consejo Consultivo de la Generalidad, que declaraba fuera de la Ley el proyecto de estos impresentables para un nuevo Estatuto. O el encuentro que se ha producido hoy mismo entre Maragall y Carod, donde la “imaginación” del segundo ha decidido que la solución es reformar la Constitución, o sea, convertirla en papel mojado.
Pero bueno, ¡esto que es! Que alguien me diga si se ha dado ya la voz de “marica el último” porque yo no la he oído y se me está quedando cara de tonto. Necesito saberlo para ver en qué parte de mi pueblo tengo que colocar la barricada y el letrero de “no pasarán”, no vaya a ser que al final mis paisanos y yo mismo acabemos asociados por narices a una de esas “naciones” expansionistas donde todo es tan demócrata y tan justo... para ellos.
Frase del día: "La fidelidad comprada siempre es sospechosa y, generalmente, de corta duración". Tácito.
Artículo revisado, insertado el 8 de septiembre de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal

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