miércoles, 2 de septiembre de 2015

Ortega y el nacionalismo (372)


Si en el artículo de ayer se mostraba la imagen del odio, la imagen de hoy no hay duda alguna que  corresponde a la sabiduría, o si se quiere al sentido común, una definición que expresa la capacidad más al alcance de todos para juzgar y obrar acertadamente.

En su condición de diputado de la Agrupación al Servicio de la República, el liberal José Ortega y Gasset llegó a afirmar que el gran inconveniente para la modernización de España era el nacionalismo. El filósofo se refería tanto al nacionalismo catalán como al vasco y aseguraba que ambos constituían un problema sin solución, por lo que no había otro remedio que convivir de la mejor manera posible con esa lacra. La cita no es literal, pero sí el sentido de lo que Ortega dijo a sus contemporáneos en el Parlamento. Unos meses más tarde, desilusionado ante una Constitución tan horrorosamente sectaria como la que fue aprobada en aquellas Cortes republicanas, Ortega y Gasset dimitió como diputado.

Han transcurrido más de 80 años y las palabras de Ortega mantienen toda su vigencia. Cualquiera diría que han sido pronunciadas esta misma mañana (mayo de 2005), dirigidas a Rodríguez Zapatero y asumidas de inmediato por éste al venirle que ni pintadas para sus planes de entregarse con armas y bagajes a los separatistas. De modo que en relación a los nacionalismos todo sigue igual que en la época de Ortega, o peor, puesto que ahora contamos con el agravante de que el Gobierno no parece ser demasiado consciente del enorme problema.


Si durante la Segunda República apenas se les dio cancha a los del PNV, arrinconándolos primero la izquierda que presidió Azaña (por derechistas, burgueses y clericales) y luego el centro-derecha de Lerroux (en este caso por separatistas), no ocurrió lo mismo con la Esquerra Republicana de Catalunya, que entonces, igual que ahora, se hizo necesaria para la permanencia del Gobierno y, sobre todo, para sus planes de ruptura con el régimen anterior. Hasta tal extremo fue así, que Companys formó parte del citado Gobierno como ministro de Marina. Por otra parte, el Estatuto catalán fue prácticamente el único que llegó a entrar en vigor al ser condición insoslayable para que la Esquerra se sumase a la nueva Constitución.

En nuestros días (año 2005), Carod-Rovira no es ministro de Marina ni nada que se parezca (probablemente porque no quiere), pero no hay duda de que es quien lleva la batuta en las decisiones del gobierno de la Generalitat catalana y también (no olvidemos que él mismo la enseñó) quien tiene la llave del gobierno que preside ZP. De donde se deduce una vez más que, incluso históricamente, toda inestabilidad política en España al margen de las guerras dinásticas ha procedido del nacionalismo catalán, fuente de la que a su vez bebió el racista Sabino Arana.

A diferencia de lo que creía Ortega, por más que la situación actual le dé la razón, estoy convencido de que el nacionalismo tiene marcada ya su fecha de caducidad para abandonar la hegemonía en sus respectivos territorios. Una fecha borrosa, por el momento, pero que cada día percibiremos con mayor nitidez a medida que gente como Ibarretxe, Maragall o Carod ejerzan el gobierno con aparatosa ineptitud en sus comunidades, y muy especialmente cuando se advierta que no dejan de chantajear al gobierno de la Nación española.

Opino de semejante modo, y acepto de antemano que pueda estar dando la impresión de ser un iluso, porque el nacionalismo no había gobernado hasta ahora durante el tiempo suficiente como para llegar a desilusionar a su pueblo. ¿Quién nos había de decir, hace menos de cinco años, que el partido de Pujol caería a pesar de ejercer el control más absoluto de los resortes del poder en Cataluña? Pues lo mismo le pasará al PSC y por supuesto a ERC, que también caerán acometidos por el desengaño de sus votantes. No sé lo que llegará después, pero de entrada en Cataluña hay en marcha una agrupación de ciudadanos (1) que están más que hartos de tanto nacionalismo. Igualmente, en el seno del PSC comienzan a surgir voces airadas de protesta ante lo que cada día es menos socialismo y más nacionalismo. Lástima que en el PSC acabe siempre por imponerse un dirigente sin las ideas claras y bastante propenso a secundar lo diferencial.
(1) Primera cita en Batiburrillo a favor del hoy importante partido Ciudadanos dirigido por Albert Rivera. Adviértase que la cita es del 29 de mayo de 2005

¿Será cuestión de otros 25 años? Es posible, e incluso es posible que en alguna comunidad alcance los 50. Pero ¿qué es eso en la historia de una nación milenaria como España? Lo que sí es evidente es que el nacionalismo, tras su ejercicio del poder, está demostrando ser una fruta podrida que además corrompe cuanto tiene próximo. Lo más probable, porque no hay ningún pueblo que viva permanentemente en estado de idiotez, es que la podredumbre acabe por ser rechazada, convertida en testimonial y destinada al pataleo de unos pocos. He ahí la clave, por tanto, de lo que Ortega posiblemente no tuvo demasiado en cuenta a la hora de declarar irresoluble el problema de los nacionalismos: El desgaste del poder y la profunda huella, en negativo, que deja entre los ciudadanos.


Artículo revisado, insertado el 29 de mayo de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal

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