domingo, 6 de septiembre de 2015

Respuestas a preguntas no formuladas (382)


Este es el ideario de Batiburrillo 2012 (y también el de Batiburrillo de Red Liberal), figura a pie de página desde que se inauguró.

Es posible que más de un lector se haya preguntado: ¿Qué les han hecho a estos de Batiburrillo que casi siempre se meten con la izquierda y el nacionalismo? ¿Es que otros partidos políticos, como el PP, no tienen nada criticable desde el punto de vista de quienes se dicen liberales? ¿Es que otras instituciones, pongamos el Poder Judicial, no enseñan la patita en alguna ocasión? La respuesta, querido lector, es mucho más sencilla de lo que parece: Todo en la vida es cuestión de prioridades y aquí se denuncia con ahínco no el fallo ocasional, sino la contumacia en la iniquidad política y la usurpación de la voluntad del pueblo, caso, este último, que correspondería con mayor frecuencia y descaro a los nacionalistas.

Por el contrario, el afiliado político de la derecha liberal suele contar con una profesión, a menudo ejercida durante años, que le evita atormentarse sobre si su número de lista va a salir elegido. Algo que determina que en tales partidos se practiquen menos zancadillas y codazos para llegar a la poltrona política o para mantenerse en ella. A cambio de esa menor angustia para no quedar excluido de los cargos que conllevan un sueldo, el político liberal o liberal-conservador suele ser menos vehemente y acostumbra a analizar los problemas con más sosiego e incluso displicencia, lo que muchas veces le determina a rehuir las respuestas tajantes a cuantas ofensas proceden de los partidos rivales, algunos de cuyos dirigentes han hecho de la política su profesión y acostumbran a vivir obsesionados en desacreditar al rival: Le van las habichuelas en ello, y esa necesidad la transforman en consignas callejeras (ahora también twitteras), como la última del anormal Monedero, que culpa a Aznar de la foto del niño ahogado en la playa


Pocas dudas hay, para los que hayan sentido la tentación de meditar sobre la época que les ha tocado vivir, que la malicia política está encarnada desde hace más de un siglo por la izquierda y el nacionalismo, tan alejados una y otro del simple logro del bienestar que el ser humano desea y que suele cifrarlo en el trabajo, la salud y el respeto a sus semejantes. Un respeto que cuando se lleva a su máximo grado se convierte en amor.

Si ambas ideologías se dan juntas, socialismo + nacionalismo, entonces se alcanza la vehemencia en la iniquidad política y se llega con frecuencia al crimen descarado, tal es el caso de la ETA o el de esos partidos legales que albergan en su interior a más de un antiguo terrorista que aún presume de ello. Son partidos, conviene precisarlo, especialmente dañinos para cualquier tipo de convivencia y a los que, por desgracia para España, el azar los ha convertido en poseedores de la llave que abre, mejor dicho, que descerraja cuantas decisiones políticas se apartan de la dignidad. Luego es ahí, en el cáncer de la sociedad que esa gente genera, donde la crítica debe priorizarse y fijar su atención con mayor empeño.

La gran farsa inicial del nacionalismo es el supuesto "Derecho a decidir", a partir del cual todo es absolutamente válido. Un derecho que consta en la Declaración de las Naciones Unidas sobre la independencia a los pueblos. Los separatistas así lo aseguran y se quedan la mar de a gusto, cuando el artículo 6 de esa Declaración dice exactamente todo lo contrario. Bien, pues es este tipo de falsedades lo que más nos gusta denunciar. 

Así, pues, el fin de muchos artículos de este blog no es otro que denunciar y reincidir en la denuncia sobre unos partidos liberticidas o unos dirigentes que se presentan en sociedad, y a menudo triunfan, como abanderados de la permisividad y la liberación de los pueblos. Esa postura tan radicalmente farsante, que adoptan sistemáticamente a sabiendas de que no resiste un análisis en profundidad, les hace especialmente despreciables ante los ojos de cualquiera que ame la libertad real, una libertad sin menoscabo de las tradiciones más apreciadas y valiosas heredadas de nuestros padres. Una libertad que no hay que confundir con el radicalismo liberal, más propenso a juntar sus filas con los paladines del cambio por el cambio, el cual a veces es atolondrado y esnob y casi siempre utópico.


En resumen: La izquierda y el nacionalismo, a pesar de que proclamen a las masas lo contrario, nunca se sentirán interesadas en la libertad colectiva y mucho menos en la individual. De hecho, son partidos creados y mantenidos entre las clases menos ilustradas, como sucedió especialmente a finales del siglo XIX o en el primer tercio del XX, con la intención de que sus fundadores o dirigentes alcanzasen el poder para siempre, fuera en cargos públicos, fuera en otras actividades pero invariablemente al amparo de los gobiernos amigos. La ilustración de las masas es, en esta gente radical y despótica, completamente innecesaria, realmente poco ventajosa para ellos y desde luego contrapuesta a sus intereses. De ahí las Logses y similares.

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