lunes, 14 de septiembre de 2015

Un dechado de cualidades imprecisas (400)

El líder debe poseer carácter, apariencia, talante, fama y... comportamiento.

Decía Charles De Gaulle que “el carácter es la virtud de los tiempos difíciles”. Pero mira por dónde, la frase del general galo vino a ser un antecedente de ese “talante” que no dice absolutamente nada si no le acompaña también un determinativo. En el caso del “carácter” que De Gaulle define como virtud, debemos de entender igualmente que precisa su complemento: carácter respetuoso con..., carácter divertido..., carácter displicente..., y hasta carácter patético, que como todo el mundo sabe es el carácter de los que poseen talante para asumir con naturalidad la malversación de la patria.

De Gaulle, personaje decididamente poco malversador de Francia, quizá se refería a la personalidad de los individuos. Incluso es posible que su cita haya llegado hasta nosotros a través de una traducción poco clara. Lo que ocurre es que “personalidad”, a secas, es asimismo un vocablo huérfano e inexpresivo. El genial Cervantes llegó a decir, a propósito de la personalidad, que “cada uno es como Dios le hizo y aún peor muchas veces”. La criatura en la que el padre de Don Quijote estaba pensando en enmendarle la plana nada menos que a Dios, no andaría muy lejos de ser un fulano con talante y dispuesto a desenvainar ocho soluciones para cada problema. Ocho soluciones, probablemente a cada cual peor, destinadas a un problema seguramente creado por él mismo.


También es posible que De Gaulle se hubiese querido referir, al menos en parte, a la apariencia de las personas. Claro que si a la “apariencia” no le añadimos nada más, como por ejemplo “apariencia de farsante”, “apariencia de pardillo”, “apariencia de mentecato o de iluso”, no será fácil describir a alguien que posee carácter y talante a raudales, sobre todo si consideramos que los tiempos son en verdad difíciles y se intentan solventar esas dificultades con actos de malabarismos y castillos en el aire, algo que, esta vez sí, serían definiciones adecuadas para la “alianza de civilizaciones”.

¿No será fama lo que De Gaulle quiso adosarle a su “carácter” para los tiempos difíciles? Quizá no, porque “fama” es la opinión que la gente tiene de una persona, y la “fama” puede ser buena o mala, e incluso pésima, que aseguraría es la condición que los poseedores de carácter, talante y apariencia llevan camino de conseguir. Decía Cicerón que “no preocuparse en absoluto de lo que la gente opina de uno mismo, no sólo es arrogancia sino también desvergüenza”.

Finalmente, incluso estoy por creer que De Gaulle relacionaba el “carácter” con el comportamiento. Pero lo cierto es que tengo mis dudas, porque “comportamiento” parece ser la acción de... Y uno no siempre se comporta como debe, ni como exige el cargo que ocupa. El filósofo francés Bobald dejó para la posteridad una frase que hoy parece hecha a medida de ciertos gobernantes: “Lo más difícil no es cumplir el deber, sino conocerlo”.

De modo que, para los tiempos difíciles a los que De Gaulle aludía —unos tiempos que en España comienzan a tornarse arduos—, diríase que infortunadamente debemos confiar nuestro futuro en un sujeto de carácter, con talante, de apariencia, famoso y... comportamiento. Eso sí, encumbrado al cargo mediante una orgía demagógica hecha a su medida tras una masacre de la que nada quiere saber. Ya lo decía Demócrates: “Todo está perdido cuando los viles sirven de ejemplo y los sensatos de mofa”.
Pongamos que hablo de Zapatero o de Pedro Sánchez


Artículo revisado, insertado el 15 de octubre de 2005 en Batiburrillo de Red Liberal

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