viernes, 2 de octubre de 2015

O libertad o islam, tú decides (428)

Aunque el símbolo de la Media Luna es de origen otomano y está basado en el sura 54 del Corán, donde se la relaciona con el día del juicio final (la hora se acercó, y la Luna se partió en dos) o con milagros realizados por Mahoma, desde tiempos inmemoriales los pueblos arábigo-semitas han sentido cierta atracción hacia el astro de la noche, luminaria de sus desplazamientos nocturnos a través de las regiones desérticas donde era obligado evitar el calor sofocante del día.

Decía Walter Scott que “el infierno está empedrado de buenas intenciones”. La frase viene a propósito de cuanta crítica buenista lee uno estos días sobre las medidas desproporcionadas que el ejército de Israel ha puesto en práctica contra la milicia terrorista de Hezbolá, en el sur del Líbano. Sin embargo, en mi modesta opinión, la proporción es la adecuada hasta ahora  y, si se me apura, quizá sea aún un poco tímida si es que se le concede algún valor al objetivo de una paz no digo duradera, pero al menos de tres o cuatro años de arraigo.

Me explico: Toda iniciativa violenta y traicionera —y la de Hezbolá sin duda alguna cumple las tres condiciones: iniciar el ataque a traición y hacerlo con extrema violencia— lleva aparejada una respuesta del enemigo y unos costes que siempre están dispuestos a asumirse. Nadie hay tan iluso, sobre todo en el mundo del terrorismo antiisraelí, que se crea a salvo de represalias tras la frontera de otro estado vecino, en este caso el libanés.

Hezbolá, sin duda alguna, había descartado la impunidad, de modo que esperaba lo que pudiéramos considerar una represalia “proporcionada” que le costase a lo sumo un par de docenas de combatientes, algo que es calderilla para ellos y algún edificio “averiado”. Esa ofensa sería reparada ante los ojos de sus propios militantes mediante el lanzamiento indiscriminado de más de 300 cohetes Katiuska, lo que determinaría una venganza justa y el honor restañado. Es decir, unos planes elaborados bajo el guión de “dos por cinco diez y me llevo una”. Luego me planto aquí hasta que el gobierno de Irán, que para eso paga, me ordene la siguiente salvajada contra los judíos.

Pero hete aquí que Israel tiene esa lección muy bien aprendida, no en balde lleva casi sesenta años viviendo en la cuerda floja, y no desconoce que la proporcionalidad sólo sirve para darle alas a sucesivos ataques terroristas. Si un grupo violento, el que sea, cuenta a priori con sufrir 10 bajas a cambio de otras tantas de su enemigo, pero en la respuesta resulta que sufre mil. Las siguientes cuentas que se haga, con o sin financiación iraní, comenzarán así: Una por cero es cero, dos por cero es cero, tres por cero es cero… O lo que es lo mismo, se pensará muy mucho si le conviene poner a toda la parentela bajo el riesgo de una represalia fulminante mientras allá a lo lejos, pongamos en Irán o Siria, los tiranos instigadores prosiguen con su vida a cuerpo de rey.

De todos modos, que nadie se llame a engaño. Mientras el islam exista, ni Israel ni Occidente tendrán reposo alguno. Nos hallamos ante una religión que precisa justificar la tiranía de sus déspotas mediante la exportación de la Yihad y el acoso a unas sociedades libres que representan para sus pueblos ese espejo delator de sus propias iniquidades. Si no existiera Israel, serían Italia, España o cualquier otro país el objetivo de sus deseos de conquista, así que debemos de agradecerle a Israel, secundándole cuanto se pueda, su triste misión de adelantado de la libertad. Pues no olvidemos que lo peor de la condición humana ha venido a asentarse entre los musulmanes, pueblo esclavizado ideológicamente durante siglos y siglos al que jamás se le permitirá pensar por si mismo ni vivir en armonía ni respeto hacia sus vecinos.

Hoy mismo pueden leerse en Europa Press unas declaraciones del número dos de Al-Qaeda, Al Zawahri. El titular reza así: Al Qaeda asegura que la Yihad continuará hasta el triunfo del Islam, desde España hasta Irak”. Hay pocos musulmanes con poder, desde mi punto de vista, que piensen de muy distinto modo a como lo hace Al Zawahri, sea cualquiera de los reyezuelos descendientes de un profeta traicionado, sean los presidentes de esas repúblicas islámicas que, bajo mano, no cesan de promocionar la expansión de sus fanatizadas y siniestras ideas. La gran diferencia es que uno se considera con las manos libres para proclamarlo y los otros aún no se atreven.

La gran pregunta sería: ¿Es posible convertir al islam en una religión no belicosa? 

Artículo revisado, insertado el 27 de julio de 2006 en Batiburrillo de Red Liberal

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