viernes, 18 de agosto de 2017

Desconsuelo e impotencia


La cobardía y el fanatismo se cebaron en la ciudad de mi vida, Barcelona, cuyas calles paseé durante más de cuatro décadas. La tristeza ante la pérdida de vidas humanas es un sentimiento noble, casi necesario en ciertos momentos. Por eso desde ayer por la tarde, al enterarme del trágico atentado, el desconsuelo podría definir casi a la perfección mi estado de ánimo. Habrá que ir pensando, asimismo, en buscarle remedio a la sensación de impotencia que a uno también le acomete frente a tanto canalla dispuesto al uso de la religión o la política como excusa para justificar la maldad, su repulsiva maldad.

viernes, 16 de junio de 2017

Carlos Cuesta deja a Podemos en pelota picada (537)

El gran periodista Carlos Cuesta, un hombre repleto de sentido común y excelente información, escribe en El Semanal Digital un demoledor artículo cuyos números demuestran tanto la falsedad más absoluta, exhibida durante horas y horas, así como el bombardeo de medias verdades que la banda podemita y sus franquicias usaron en una moción de censura destinada, esencialmente, a chupar cámara todo el tiempo posible y a mayor gloria de su líder, un tipo en la cúspide de la mediocridad, con cara de odio y deseo incuestionable de resucitar a las dos Españas.
Debido a su gran interés se reproduce aquí el contenido del artículo 


Todas las cifras económicas han mejorado, hasta el paro juvenil o la ocupación femenina. Ésos son los datos para desmontar el apocalíptico discurso de Iglesias y Montero.
  
Los debates parlamentarios parecen haberse convertido últimamente en un ring sin reglas. Difamar, calumniar, injuriar, mentir… Todo vale. Y nadie lo frena. En un ejercicio patético que acabará, si no se corta, por acercar el objetivo último de Podemos: desprestigiar de tal forma la democracia representativa que, paso a paso, se implante una especie de asamblearismo callejero capaz de aniquilar nuestro sistema democrático y de partidos. 
Ocurre en la descalificación política con mentiras, en las acusaciones falsas de corrupción, y, ocurre, por supuesto, en la alteración de los datos económicos, de forma que la prensa acaba trasladando a la población un discurso plagado de información alterada e irreal que impide que el juicio social se adapte a la situación y medidas económicas ciertas