Artur Mas debe estar a estas alturas oliéndose los
sobacos, a ver si atufa ya a muerto y cree llegada la hora de encargar el nicho destinado al descanso eterno, se entiende que en lo político. Tal actitud sería la lógica en
alguien que sin duda es todo un cadáver institucional, es decir, un 'molt
honorable' cadáver presidencial en funciones, según acaba de certificar esta
misma tarde ese pelotón de forenses que actúan bajo las siglas de la CUP y que
han estado velando el fiambre, o alternativamente haciéndole el boca a boca, a
capricho del momento y en una especie de pelar la pava inmisericorde, para al
final venir a decirle al finado: "Usted falleció el 27 de septiembre, ya puede dejar de respirar".
