He llegado a
escribir que Rajoy ganará las próximas elecciones generales. Lo hice hace unos
ocho meses. Lo creía así, y lo argumenté, pero ya no lo creo. No, al menos en
estos días. Rajoy es una persona con espíritu de funcionario que no ofrece la “tensión”
constante que hace falta ni las iniciativas necesarias para que sus posibles
electores mantengamos la ilusión y propaguemos entre nuestros allegados la
necesidad de expulsar a los incompetentes socialistas del poder. Tal
circunstancia determina que se vayan desinflando las ilusiones, como es mi
caso, y acabemos por creernos que esto no tiene arreglo y al final decidamos votar
a uno de esos partidos residuales de los que sabemos que no van a ganar nada
pero exponen un programa atractivo y merecen ir a más.
Rajoy actúa a
ráfagas, como esos vientos extraños que de la brisa pasan en segundos a lo más
alto de la escala, si bien la mayor parte del tiempo se encuentran en calma. Apenas faltan seis meses para que las elecciones se
convoquen, si es que no se anticipan algo, y el PP en pleno ha decidido echarse
la sienta durante todo el verano, cuando precisamente se suceden tantas y
tantas demostraciones del mal hacer de este gobierno zapaterino, como son los incendios
incontrolados o los numerosos fallos en las infraestructuras y medios de
transporte, sin que de ello se extraiga, como sería obligación, ningún rédito
electoral para la derecha. No, Rajoy no posee espíritu de killer y por lo tanto ahora creo que ZP, doctorado en
transgresiones a la ley con secuelas de impunidad, está en condiciones de
neutralizar sus principales fallos.


