A diferencia de
la política, con un social sanchismo que mantiene el prestigio de nuestra
patria a la altura del betún, como se demostró en el G7 cuando a Sánchez casi
lo usaron de camarero en una cena servida a ciertos países del tercer mundo, y
poco más, el deporte español sigue dándonos alegrías en muchas de las
competiciones en las que participan nuestros representantes.
Esta semana ha
sido de lo más interesante en baloncesto, donde se ha ganado con gran mérito a
Serbia, uno de los favoritos al título mundial. En fútbol no nos ha ido nada mal,
puesto que se a derrotado a domicilio a una selección bastante correosa como es
Rumanía, y además jugando a gusto, como para divertirse. También se ganó a las
Islas Feroe, un grupo de amigotes que llegó en dos autocares al Molinón y que
luego los situó en doble fila ante su portería, aún así, se les endosó un 4 a
0, lo que supone que la Selección Nacional española se mantenga invicta en este
preeuropeo.
Pero si hay un
representante español cuya victoria me regocija, dicho con la
máxima admiración, ese ese es Rafa Nadal en el US Open. Nadal ha demostrado siempre ser un gran
patriota que nos ha ido prestigiado en todo el mundo, además es un
competidor brillante en cuanto a físico y a la capacidad de concentración mental y,
muy especialmente, es una gran persona que siempre se ofrece en cualquier detalle
humano, como cuando rescató a un pequeñín de entre una multitud que pedía
autógrafos (imagen superior).
Y aún no había ganado el torneo, como se ve en la siguiente imagen.
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