jueves, 14 de noviembre de 2019

Sánchez, un tipo más retorcido que un sacacorchos


Este hombre es capaz de pactarlo todo con Podemos y los separatistas y en el último momento, ante unas encuestas internas que le dieran al PSOE una bajada de cincuenta diputados, como poco, corregir el rumbo y afirmar sin rubor alguno que no es posible el pacto porque lo único que le ha importado siempre es la unidad de España y el respeto a la Constitución. Y se quedaría tan pancho el muy caradura, e incluso sería capaz de despedir a su consejero áulico, Iván Redondo, acusándole de haberle malmetido unas ideas imposibles de adoptar para alguien que, como sin duda asegurará el propio Fraude, “yo he sido siempre un hombre cabal y respetuoso de la ley”.


Si alguien argumentara que algo como lo descrito supone un auténtico bandazo, la respuesta no admitiría más que una afirmación en modo de interrogante: ¿Qué ha sido Sánchez a lo largo de su nefasta vida política sino una sucesión continuada de bandazos, trampas y falsedades? Comenzando por su tesis doctoral (los de OK Diario llevan más de un año esperando la demanda) o ese par de libros en los que este embustero figura como autor pero que le han escrito terceras personas.

Y aun así, hay que reconocer que es un hombre con cierta suerte, porque cualquier otro en su lugar, especialmente si no alardea de “progresista” ni dispone de un partido político que mangonea a capricho y cuyos afiliados votan como un auténtico rebaño, ¡pobre PSOE!, hace tiempo que estaría en su casa y llorando sin consuelo alguno. Porque Sánchez no es Rivera y por lo tanto el socialista sabe que la felicidad personal solamente puede hallarla si duerme cada noche… o bien en el palacio de La Moncloa o bien a bordo del Falcon.

Definitivamente, a Sánchez le atrae vivir en la cuerda floja de la inestabilidad política y la podredumbre moral, sin que le importe tres leches acabar por endosarnos la cartilla de racionamiento a los españoles (así lo afirmó para evitar el primer pacto con el Coletas) y, lo que es peor, respecto a la Monarquía ha tomado la decisión de ocupar el palacio de verano y usurpar las funciones de Felipe VI. Bien que se ha dado prisa en vocear un posible gobierno de “progreso” (¡ojo, progreso comunista separatista!) antes de que Su Majestad, que es a quien le corresponde valorar la situación tras entrevistarse con los portavoces de los partidos y luego proponer a un candidato, regrese del paraíso comunista cubano, donde el monarca nunca debió ir sin que en Cuba hubiese democracia. Y algo así, el nefasto viaje a la isla caribeña, puestos a ser mal pensados (lo admito) me huele a chantaje del bueno: “Tú me obedeces, majestad, y te vas a Cuba o donde yo te mande, y a cambió aparco el referéndum sobre monarquía o república, un referéndum que bien administrado, y lo sabes, ofrecería como resultado la república. Y ojito conmigo, puesto que tampoco ignoras que carezco de escrúpulos y me costaría poco que el siguiente viaje fuese a Corea del Norte.

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