lunes, 1 de octubre de 2012

Adoctrinamiento nacionalista a domicilio

¿Qué responsabilidad cabría imputarles a quienes lo disfrazan todo de un acto festivo, situando a sus niños en primera fila de una manifestació que en otras circunstancias podría haber terminado en tragedia?  

Se habla mucho del adoctrinamiento nacionalista en los colegios catalanes, lo que a mi juicio es tan cierto como generalizado. Esa forma ilícita de actuar, que jamás acatará las sentencias de los tribunales, supone una educación tan perjudicial para los jóvenes que solamente el antídoto de algunos padres, neutralizando en casa las exageraciones o falsedades recibidas como dogmas, evita que el porcentaje de zombis nacionalistas sea aún mayor que el actual.

Se comenta a menudo que en cuanto Jordi Pujol llegó al poder, eso sí, travestido de moderado mientras bajo capa inició su plan aleccionador, los diversos gobiernos en Cataluña fueron creando o potenciando (con ese dinero público que en la actualidad ha generado un agujero de 50.000 millones de euros) numerosas asociaciones y empresas destinadas a expandir la "voluntad de ser", que es ese sentimiento xenófobo según el cual uno es diferente porque es mejor que el vecino, de donde se concluye que a solas se vivirá por todo lo alto y hay que exigir la independencia.

Como se apuntó en el primer párrafo, de lo que no se habla casi nunca es del adoctrinamiento nacionalista que no pocos jovencitos catalanes reciben en sus hogares, el cual sin duda refuerza lo diferencial absorbido ya en las aulas y deteriora todavía más el futuro de unas personas, aun tiernas de mente, a las que el lavado de cerebro les impedirá vivir con dignidad. Porque la dignidad y la exaltación antidemocrática son extremadamente incompatibles.

No se discute sobre este tema, creo, debido a la gran dificultad que supone afirmar semejante circunstancia sin tener evidencias de primera mano, o sea, salvo unos pocos casos que uno conoce, el resto simplemente se infiere de la lógica más elemental. De tal palo, tal astilla, es lo que podría afirmarse de los Jordi Pujol y Oriol Pujol habidos y por haber en ese submundo tan poco propenso a la libertad.

Sin ir más lejos, conozco el caso de un muchacho que hasta los 13 o 14 años no pisó Cataluña, pero que tal hecho no ha impedido su comportamiento de lobezno nazi. Simplemente, su propio padre lo adoctrinó durante años en Uruguay. Hoy es uno de esos 'valerosos' mocetes que se dedican a entrar en cualquier página de Internet, no acorde a su agusanada ideología, y en cuanto le dejan libres los comentarios insulta con no poca saña. ¡Cómo será el padre del muchacho!

No es posible afirmar lo antedicho, insisto, sin adentrarse o mirar por un agujerito en cada uno de esos domicilios nacionalistas. Si bien se deduce con meridiana claridad cada vez que uno habla con esos cachorros nacionalistas, sea en persona, sea a través de las redes sociales. Son jóvenes que acaban por confesarte que cuentan con 15 o 16 años, como si tal circunstancia fuese un mérito suplementario destinado a resaltar su buen juicio político, cuando en realidad no poseen más que el natural atolondramiento de nenes adoctrinados en cuyo futuro les aguardan dos posibles trayectorias:

1) La radicalidad en aumento según se envejece, hasta llegar incluso a superar la disparatada aversión de sus mayores a la lealtad. 2) La llegada del sentido común según se supera esa edad del pavo ideológica, lo que a su vez motiva que el nacionalismo comience a ser visto como lo que es: una ideología totalitaria y farsante, basada en el interés avariento, el odio al vecino y el deseo de uniformar en el pensamiento único a toda la población. A sabiendas de que los que no puedan ser amaestrados se adentrarán de lleno en la apatía y adquirirán alergia a las urnas.

¿Qué clase de padres son los que llevan a sus hijos a la anulación de la personalidad, suministrándoles ración doble de adoctrinamiento domiciliario con tal de convertirlos  desde bien jovencitos en buenos nacionalistas? ¿Qué responsabilidad cabría imputarles a quienes lo disfrazan todo de un acto festivo, situando a sus niños en primera fila de unas manifestaciones que en otras circunstancias podría haber terminado en tragedia?  

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