Si uno quiere
escribir sobre la actualidad política, hoy solo tiene tres opciones: 1) El
sinvivir de Sánchez sobre su investidura. 2) El latrocinio socialista en Aragón
y la Comunidad Valenciana. 3) El sálvese quien pueda de los catanazis
golpistas. Las tres historias, casi historietas puesto que no quedan lejos de las fechorías, darían mucho de sí en España si contáramos con cierto equilibrio
en los medios informativos en lugar de disponer de un auténtico rebaño de periodistas
al servicio del poder de la izquierda.
Lo de Sánchez
(más lo de Murcia y Madrid) me tiene hasta las mismísimas narices de aguantar
un tira y afloja que acabará hundiendo la economía, porque nadie ignora que
cuando no hay estabilidad en el Gobierno aparece la incertidumbre y solamente
se benefician los especuladores. Luego está claro que Sánchez tiene la misma irresponsabilidad
que el tipo que maneja el tiovivo y decide, con la plataforma llena de niños y
dando vueltas a todo meter, alejarse del mando unos pasos para ir a fumarse un porro
que, además, se le apaga siete veces porque hace algo de viento. Si contáramos
las veces que Sánchez se ha reunido con la oposición, sin que fuese capaz de llegar
a un acuerdo, seguro que han sido más de siete.
El latrocinio
socialista de Javier Lambán y Ximo (Timo) Puig se corresponde con la práctica
habitual de cualquier socialismo. No pocos de los gobiernos regionales en manos
del PSOE acaban (o empiezan) por detraer partidas de dinero público para
beneficiar a otros socialistas, sobre todo si son medios informativos. Objetivo:
Vivir a cuerpo de rey para seguir en el poder y así, untando a sus feligreses,
conseguir más poder. Es el viejo método de la PSOE en Andalucía que mantuvo a
los chorizos casi cuatro décadas en el timón de una nave cuya tripulación
pagaba con dinero público las visitas al puticlub, las rayas de coca, las
mariscadas pantagruélicas…
En cuanto a los
catanazis, digamos que cuanto más se aproxima la sentencia del Supremo, más se
agudiza el todos contra todos en que se ha convertido el delirio que se vive
desde hace tiempo en Cataluña. Así, lo que en las últimas elecciones, incluso
con Puigdemont ya en fuga, fue una candidatura única que logró el gobierno por
los pelos, parece que en la actualidad el escenario se ha llenado de
francotiradores que dispararan (en catalán, por supuesto) al primero que se le
pone por delante. Eso sí, el blanco preferido es Torra, un verdadero alucinado
que ahora asegura que no dejará la presidencia de la Generalidad hasta que Cataluña
no sea independiente. De ahí que los de ERC y la CUP, entre otros, se muestren
bien dispuestos a pactar con el lucero del alba (pongamos que hablo de Iceta)
con tal de echar a Torra a cualquier precio. Y así va Cataluña, expulsando de
su territorio a un montón de empresas cada mes, mientras los catanazis al mando
no cesan de pedir dinero al gobierno de España para seguir pagando las nóminas
de tanto enchufado como tienen o las pérdidas de esa máquina de adoctrinar conocida como
TV3.
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