martes, 14 de mayo de 2019

Borrell


El ministro de Exteriores socialista está resultando ser un buen cantamañanas revestido de aprensión a solventar problemas. Su método es bastante expeditivo en cualquier faceta relacionada con lo espantadizo: Resta importancia a todo y se limita a dar largas, y a poder ser le endosa a otros la responsabilidad, como cuando demoró la respuesta al reconocimiento del venezolano Guaidó, tal vez por orden de Pedro Sánchez, –cantamañanas en jefe–, hasta que la Unión Europea en pleno lo acordó así, sin tener en cuenta que los principales componentes de la UE ya lo habían reconocido y España, por sí misma, tiene un peso enorme respecto a Iberoamérica .


"Borrellone", todo tiernone, tampoco dio la talla en cuanto a firmeza democrática el día que en Barcelona, después de una manifestación millonaria contra el separatismo golpista –millonaria dado el número de asistentes–, se puso de los nervios cuando algunos comenzaron a corear “Puigdemont a prisión” y cortó con zafiedad a esos asistentes aludiendo a no se sabe qué circo romano, no fuese que los catanazis se molestasen e incluso Iceta, que no anda lejos de los anteriores, acabara echándole la bronca "a besos" cuando lo pillara por su cuenta.

Otra es la respuesta de “Borrellito”, el blandito, cuando dice que “No hay que tomarse a la tremenda” la retirada de la fragata española de un ejercicio con EE UU. ¿Qué no? Ya verás, so listo, el precio que nos hace pagar Trump a cambio de una deserción a lo ZP, ese “estadista” tan experto en defecciones antiamericanas al que de inmediato se le considero non grato en la Casa Blanca. Porque el actual presidente americano es de los que no perdonan una, tarde o temprano hay que indemnizarle de algún modo.

También Borrellin, el tiernin,  respecto al cerco que ha montado Maduro a través de su policía secreta (SEBIN), “con funcionarios encapuchados y civiles armados” junto a la embajada de España en Caracas, comenta que: “Mientras estén en la puerta no pasa nada”. ¿Te parece poco que ningún demócrata venezolano, que son la mayoría, pueda entrar o salir de la embajada sin exponerse a una detención de lo más ilegal? Eso sin contar que algunos de esos detenidos podrían acabar asesinados o torturados, actividad habitual de un régimen tiránico al que lo último que se te ocurriría es cantarle la caña con la intensidad de voz requerida.

En resumidas cuentas, el problema en Exteriores es que su titular obedece las órdenes de un presidente tan amigo de los dictadores de izquierda y tan contrario a los presidentes norteamericanos  republicanos –insisto, a lo ZP– que viven para disimular los crímenes de sus correligionarios ideológicos en cualquier latitud del planeta. Eso sí, Borrell tampoco se ha pronunciado, que se sepa, sobre el maltrato dado a la manifestación LGTB en Cuba. ¡P’a qué! ¡Qué desgracia de un socialismo tan farsante y partidista como el que tenemos en España!

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