lunes, 9 de noviembre de 2015

Segundo nueve de noviembre insurgente en Cataluña (484)

En la imagen, diputados del grupo Popular que demuestran su lealtad a la Ley exhibiendo banderas de España y Cataluña. La escena corresponde al interior del parlamento en el momento en que se ha aprobado la resolución sediciosa. Tomad nota, sediciosos: Si vuestra intención es incumplir la legalidad vigente, entonces os habéis situado fuera de la democracia y a lo vuestro solamente es posible llamarlo por su nombre real: intento de golpe de Estado, que es muy parecido a lo que el 23 de febrero de 1981 intentó Tejero.   

Esta vez ha sido un acto sedicioso, antidemocrático y plagado de cobardía en el Parlamento catalán.

La borregada del Junts pel 3%, a cuyos componentes cabe atribuirles no solo un acto de sedición, lo que de por sí ya es un delito penal que algunos esperamos que purguen entre barrotes, sino que unos cuantos de ellos están inmersos hasta las cejas en esa Cosa Nostra creada por el mafioso Pujol, y por lo tanto las bancadas de estos golfos en el "Parlament" atufan a cierto "arôme de corruptión" que invita a la náusea si se pasa muy cerca de ellos. No todos son así, desde luego, pero de casi todos los politicastros del JX3%, comenzando por el desquiciado Arturu Mas —cómplice del Padrino en Cap e hijo y heredero de su testaferro durante años—, es posible asegurar que son doblemente delincuentes.

A saber: Los de la banda del JX3% entran de lleno tanto en la categoría de sediciosos como en la de chorizos, por decirlo en un lenguaje nada académico pero muy al alcance del pueblo llano, que lo entenderá perfectamente y lo secundará, salvo aquellos que posean una mentalidad de lo más comprensible para esta banda de traidores, en cuyo caso se pillarán un buen cabreo al leer el presente texto. Pues bien, a esos que les den dos duros.


O exponiéndolo de otro modo, esta caterva de fanáticos ha practicado por las malas (o por lo criminal) la desconexión no solo de la realidad catalana, al pasar por completo de lo que la mayoría del pueblo dijo hace poco en las urnas: que no quería independencia, sino que igualmente ha desconectado y se aleja a toda velocidad de la ley que nos dimos todos los españoles y de esos valores mínimos, como son la lealtad, la equidad y la honradez, que todo político debe poseer para no darse de bruces contra el Código Penal, y me temo que muchos de ellos es lo que van a encontrarse al final de una aventura tan chulesca como acobardada.

Y eso sin contar que para no pocos de los que quieren alejarse de la realidad española, circunstancia para la que solo cuentan con argumentos plagados de falsedad, tal hecho supone una doble traición: a sus padres y abuelos, que votaron masivamente a favor de la Constitución en Cataluña. Y también a sus hijos, que en cuanto comprendan la felonía de sus progenitores acabarán poco menos que despreciándolos. No, la posteridad de ningún modo convertirá en héroes a los traidores de hoy, sino en villanos. Y las razones para el desprecio de estos infestos villanos es que demuestran que no les importa lo más mínimo dividir ahora a la población catalana en dos enormes bandos, mitad por mitad, de más de tres millones de personas. Quizá porque están convencidos de que una vez establecida la República catalana, a una buena parte de la mitad no adicta se la expulsará y a los que se queden se les convertirá en...

Y que conste que todo este maldito procedimiento lleva aparejada la más vil cobardía de la borregada del JX3%, porque la oposición democrática (esta vez sí) pidió a estos totalitarios que se votara por llamamiento personal, y no solamente en modo electrónico, a la hora de votar los puntos seis al ocho de la Resolución, que aluden a la desobediencia al Constitucional y a que únicamente se cumplan las resoluciones de la cámara catalana. En absoluto fue aceptada la votación por llamamiento, se rechazó de plano a fin de conservar la impunidad del rebaño nazi. Ahora bien, si tenemos en cuenta que todos ellos votaron en pleno los artículos citados, espero que la Ley cuente con recursos suficientes para procesarlos igualmente en pleno. Al fin y al cabo, setenta y pico delincuentes caben en más de una de las jaula que existen al final del "Caminito de Jerez".

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