viernes, 20 de noviembre de 2015

Teoría de los marxistas y las flores del Ártico (494)

Draba lactea o magnolia ártica, preciosa flor que vive y se reproduce desde hace siglos en el Círculo Polar Ártico y cuya misión consiste, valga la ironía, en darle la razón al Nobel José Saramago, que nos avisó hace unos años de la catástrofe ecológica que estamos montando los de derechas y del calentamiento global que la acompaña, hasta el punto de que según dijo: "...un día de estos comenzarán a nacer flores en el Ártico". 

El enlace a una determinada noticia me lleva a leer un artículo de Saramago, quien en su deseo de afear lo que él considera la incredulidad de la derecha respecto al cambio climático no se priva de dar nombres y apellidos de gente del PP, por ejemplo el de José María Aznar, respecto a la doctrina oficial de la izquierda (las cosas como son), que es la suya, y que el portugués aprovecha para ofrecernos el razonamiento definitivo a fin de que aceptemos su postura: “No importa que un día de estos comiencen a nacer flores en el Ártico”.

Sabes qué, so Nobel, ¡ya nacen flores en el Ártico!, sucede desde hace siglos. Cada año florecen rosas y magnolias en Groenlandia y buena parte del Canadá y Alaska, entre otros países cuyos territorios se encuentran total o parcialmente dentro del Círculo Polar Ártico. ¡Ah!, ¿que te referías al polo polo por la gloria de tu madre? Pues no, ahí jamás nacerán flores, al menos terrestres, porque si se llegara a derretir el hielo del Polo Norte lo que quedara sería puritito mar. No, ahí, en medio del mar no nacerán flores, nacerán alcornoques, una especie que es poco probable sea catalogada como en extinción, a juzgar por su abundancia vegetal y a veces animal. No sé si se me entiende bien el “piropo” que te dedico.



Dryas octopetala o rosa ártica, otra variedad de flor que a juicio de Saramago y como consecuencia de los numerosos excesos capitalistas algún día puede llegar a crecer donde lleva siglos creciendo.

Al efecto, recordemos que la ideología de Saramago, si bien dulcificada por su inmensa calidad literaria, es la misma de los izquierdistas de siempre, la marxista, solo que sus interesados adeptos de hoy —de algo tienen que vivir sin trabajar, ¿no, Llamazares?— han cambiado un "ismo" por otro y lo que antes era comunismo ahora es ecologismo, que al fin y al cabo es una excusa tan idónea como cualquiera, en versión de los totalitarios, para meternos el miedo en el cuerpo y que nos estemos quietecitos y nos dejemos robar la libertad, única meta que siempre han pretendido los marxistas de todos los tiempos.

Con una particularidad, antes, en cada uno de sus planes quinquenales, los soviéticos aseguraban que al finalizar tal o cual año superarían en bienestar a los Estados Unidos, lo que no sólo se incumplía invariablemente ante la desesperación del dictador de turno, sino que la brecha iba haciéndose más profunda entre la miseria del socialismo real y la riqueza de las naciones libres. Hasta que llegó un momento en que a los del Politburó se les vio demasiado el plumero y encima la gente comenzó a pedir pan. Y claro, ¡el Muro a tomar por saco!, con perdón.

Pero a grandes males… grandes remedios neomarxistas, de modo que si el “paraíso” comunista prometido llevaba implícita una fecha de caducidad relativamente breve, que se alcanzó a principios de los 90 con la desaparición de esa URSS que no logró sacar el pie del lodo, y que apenas supuso 70 años de mamandurria y privilegios sin fin para sus dirigentes liberticidas, de lo que ahora se trata es de usar la misma y farsante lucha de clases, si bien añadiéndole el temor que supone el fin del mundo como consecuencia de nuestros graves pecados ecológicos, lo que permite desplazar la ansiada meta a varios siglos vista para seguir viviendo del cuento. “Haced lo que nosotros decimos o el mundo perecerá antes de 500 años”. Póngase la cifra que se quiera, es igual, se manejan docenas de ellas. “El efecto invernadero hace subir la temperatura del aire en 0,2 grados centígrados cada lustro”. ¿Dónde, cómo se ha medido, con qué instrumentos, son de la misma precisión, qué ciclo climático contempla esas mediciones?

Pues mirad, monines ecolojetas, cualquier profesional de la Meteorología con dos dedos de frente sabe de sobras que el clima de la tierra tiene un único motor: la actividad solar, que dependiendo de sus ciclos más o menos activos determina, a su vez, episodios igualmente cíclicos de frío o calor, de humedad o sequedad, que se dan en zonas concretas de nuestro planeta. Lo demás, son teorías destinadas a los crédulos. Suerte que en el Sol aún no podéis hincar vuestras zarpas, de lo contrario aviados estábamos.

Artículo revisado, insertado el 25 de septiembre de 2008 en Batiburrillo de Red Liberal

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