viernes, 20 de noviembre de 2015

Yo sólo quiero saber de mi abuelo… (495)

El cuadro representa la suma de características positivas que pueden darse en el ser humano. Cuanto más abundantes sean las que poseamos de entre las destacadas en el cuadro, tanto mejor será la sociedad en la que nos hayamos integrado y más alta su moralidad. Ya que sin moralidad, la existencia dentro de una colectividad se convierte en un sin vivir, en una selva.

Es conocido que la degradación moral se originó en el felipato, al efecto recordemos la frase del socialista Tierno Galván: "Madrileños, al loro, y el que no esté 'colocao' que se coloque". Pero esa degradación no fue corregida en la medida necesaria —guste o no leerlo— durante la etapa de Aznar, un personaje eficaz en aspectos como la lucha antiterrorista pero que prefirió dedicar la mayor parte de su esfuerzo a la economía, donde realmente lo hizo bien, aunque desistió de la verdadera reforma política, consistente en imbuir en la sociedad, mediante la educación y las leyes adecuadas, una mayor integridad moral y ética, el apego definitivo a una Justicia independiente —que Aznar no quiso liberar de los partidos políticos—, así como el respeto absoluto a la vida y a nuestros mayores. En frase del británico Charles Kingsley: “La única forma de regenerar el mundo es que cada uno cumpla con el deber que le corresponda”.

La degradación moral a la que nos está llevando el gobierno de ZP, ¡y en tan sólo cuatro años y medio!, ha hecho que hasta los viejos chascarrillos se queden anticuados. De modo que voy a ofrecerles un ejemplo de los años 90 y al final su versión actualizada. En la primera parte de la década citada, cuando, tras una larga etapa de gobierno del PSOE, el número de desempleados llegó a rozar los cuatro millones, era frecuente que alguien explicase de este modo su situación y su propósito:

Sí, estoy en paro desde hace tiempo, vivo a costa de mi padre hasta que pueda hacerlo a costa de mi hijo”.


Tal era la escasa confianza, si se quiere caricaturizada, que muchos albergaban en aquella etapa de socialismo incurable y corrupto —cuando no criminal—, capaz de expandir sus tentáculos a todos los ámbitos de la vida española. Un socialismo que se apresuró a degenerar la Justicia tan pronto como llegó al poder, lo que hizo mediante la Ley Orgánica 6/1985, que ponía en manos de los políticos el nombramiento del Consejo General del Poder Judicial. Así, una vez controlada la composición del CGPJ, a los socialistas se les abrieron todas las vías de la fechoría política e incluso, para algunos de ellos, la impunidad de sus crímenes, como sucedió en el caso GAL.

Casi en paralelo, los socialistas pervirtieron conscientemente la educación (LODE, 1985 y LOGSE, 1990), despojándola de cualquier idea de afán en el alumnado y cercenando la autoridad del maestro, lo que les permitió crear toda una generación de españoles muy poco instruidos y caracterizados, sobre todo, por su escaso sentido de la responsabilidad, su nula estimación del esfuerzo y su indiferencia hacia los valores que amalgaman a una nación, como puedan ser: la libertad responsable (la antítesis del “todo vale” que comenzó en esa etapa y que ZP convirtió en insignia política) y la excelencia académica y profesional. Y en consecuencia con esa idea embrutecedora implantada a conciencia por el socialismo, añado: Estoy convencido de que la inmensa mayoría de esos alumnos LODE o LOGSE hoy vota PSOE, si es que un buen puñado de ellos no forma parte directamente del partido o se halla en situación de liberado sindical de la UGT, que es prácticamente lo mismo.

Pues bien, lo de ahora es peor (año 2008), mucho más inmoral, porque a la profunda incultura logsiana que atenaza a gran parte de la población, disminuyéndole su capacidad para discernir, se suma la insensatez desplegada por el Gobierno de Zapatero, deseoso de abrir viejas heridas de hace 70 años y partidario de un desprecio absoluto de lo más valioso: la vida. Si se entresaca a uno de esos votantes del PSOE y se le pide que actualice el chascarrillo de principio de los 90, alusivo a la propia responsabilidad y a su relación con la familia, lo más probable es que, de acuerdo con la educación recibida y las consignas que se le han ido inculcando, nos encontrásemos con esto:

Yo sólo quiero saber de mi abuelo, muerto en el año 38 a mano de los fascistas y enterrado no se sabe dónde; mi padre, al que odio, lo tengo hace tiempo en una residencia y en cuanto pueda lo pongo en lista de espera para la eutanasia; de mis hijos es imposible que os diga nada, no tengo ninguno y por lo tanto no me interesa ese tema. Mi pareja va por su tercer aborto, ella no quiere hijos. Cada vez que le hablo del asunto, me contesta lo mismo: ‘Nosotras parimos, nosotras decidimos’. Y tiene razón, porque cada uno es dueño de su cuerpo”.


Eso sí, podría asegurarse que nuestro personaje escribiría su respuesta con 32 faltas de ortografía en cada línea y que además es un ecologista convencido, de los que se preocupan obsesivamente por las cagaditas virtuales de los linces ibéricos en las cercanías de Madrid o del número de ejemplares de la tortuga mora en vete a saber dónde.

Artículo revisado, insertado el 1 de octubre de 2008 en Batiburrillo de Red Liberal

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