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Lorca, 11 de mayo de 2011 |
El dramático caso de Lorca, de cuyo terremoto se cumple hoy un año, viene a
ejemplificar el desastre que supone depender de varias administraciones para
recibir cualquier tipo de ayuda. Ayudas no siempre a fondo perdido, ya que el
ICO solo prestará el dinero (115 millones) y en ningún caso lo regalará. Los
lorquinos que se acojan a sus préstamos, como puedan ser industrias o
comercios, deberán afrontar la devolución con intereses llegado el vencimiento. Del
Fondo Estatal de Contingencia, dependiente del Estado y cuyos rectores de
entonces (Rubalcaba-Chacón) se pasearon en helicóptero y prometieron el oro y
el moro, tampoco acaba de llegar un puto duro, por usar una expresión en la que
se adivine mi enfado. Y de la Comunidad autónoma ya ni hablemos, puesto que está
en la más completa ruina y a punto de ser intervenida.
La España de las autonomías es un fracaso permanente, se mire como se mire.
Todo el mundo vela únicamente por lo suyo, que además considera insuficiente y cree que merece más, y
nadie quiere saber nada de cuanto suceda un palmo más allá de esas líneas de demarcación
que le han fijado a sus respectivas nacioncitas de diseño. Qué gran diferencia,
por poner un único ejemplo, con aquellas inundaciones que por desgracia se
produjeron durante septiembre de 1962 en Cataluña, cuando toda España se volcó
a la desesperada en proporcionar unas ayudas que tanta falta hacían. Lo sé de
primera mano, porque entonces yo estaba en Barcelona, y vi parte de las
desgracias, algunas de ellas muy cercanas a mi domicilio, próximo al desbordado
río Besós. También he visto Lorca, puesto que vivo en el pueblo de al lado. ¡Qué
gran diferencia!
Recuerdo, incluso, que el gran murciano Joaquín Soler Serrano llegó a pasar
un chorro de horas al micrófono de Radio Barcelona, emisora a la que conectaron
todas las demás. Lo hizo durante un programa de varios días destinado a
recaudar cuanta ayuda quisieran hacer llegar los españoles. Y llegó la ayuda,
vaya si llegó. Hasta el punto de que la ciudad de Barcelona le otorgó la medalla de oro a Soler Serrano. Eran otros tiempos, España se desvivía por
cualquier parte de España.
En Lorca ha sido muy distinto. Las familias de las nueve víctimas mortales,
los 324 heridos, las 1.164 viviendas derribadas, dado su estado ruinoso, y los
incontables daños sufridos en el patrimonio, entre los que se incluyen varios edificios
públicos de un valor incalculable, siguen a la espera de que las tres
administraciones se pongan de acuerdo y comiencen a repartir lo prometido. Repito,
lo prometido. Entretanto, apenas
llegan unas migajas de particulares (que siempre son de agradecer), cuantificadas
en unos cuatro millones de euros, a pesar de que los daños se estiman en más de
1.200 millones de euros, y 7.500 vecinos no han podido regresar a sus casas o abrir los 1.200
comercios afectados por el terremoto.
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