lunes, 21 de septiembre de 2015

Si de golpes de Estado hablamos... (412)

El golpismo de los nacionalistas catalanes no es solo cosa de nuestros días, hace nueve años denuncié en Batiburrillo el llamamiento revolucionario que este perfecto desahogado lanzó hacia la sociedad catalana.

A través de Criterio, una de las bitácoras más tenaces y consecuentes de Red Liberal en lo que se refiere a la denuncia del nacionalismo secesionista, ese cáncer que todo lo corroe, me entero de lo que podría ser considerada una auténtica llamada a la sublevación popular, algo que no dejaría de ser un golpe de Estado de cariz revolucionario en el caso de que el agitador de turno contase con el respaldo que cree que posee. Miquel Sellarés, ese tipejo corrupto que tuvo que salir del actual gobierno de la Generalidad —en el que había entrado a propuesta de ERC— al ser el responsable del escandaloso Informe sobre medios de comunicación social —y que anteriormente había sido despedido de las filas del pujolismo, según nos contó en su día Arcadi Espada—, ahora tiene la temeridad de pedir una revuelta a las bases soberanistas del nacionalismo catalán.


Sus palabras exactas, las del golpista Sellarès, han sido estas: “Una revuelta debe ser posible para evitar que a las generaciones actuales les pase lo mismo que a otras que claudicamos por miedo a la Brunete de verdad y por culpa del supuesto seny de nuestros dirigentes”. Concluye el siniestro personaje sin especificar a fondo cómo debe ser la revuelta, pero dejando entrever que todo debe comenzar por echar a unos políticos que no son de su agrado como consecuencia de la mucha “tibieza” —¡vivir para ver!— que practican: “Ha llegado la hora de decir basta [¿cómo?], pero también la de la unidad y la de preparar el futuro [¿de qué forma debe hacerse] para que la clase política no tenga nunca más el protagonismo exagerado que hoy tiene en nuestra sociedad. Hace falta que vuelva el protagonismo también a la sociedad civil, a los sectores populares [está claro que pide una revolución popular], y si hay, y existe, a una burguesía nacional que debería decir algo. Estamos pues, ante un gran reto, si nos acobardamos no nos quejemos después de veinticinco o treinta años más de expolio y humillación nacional”.

Indignación y desengaño, a juicio del insidioso Sellarès, sería la motivación extendida entre las bases soberanistas para justificar el proceso revolucionario. Las razones: otros supuestos 25 o 30 años más de “expolio y humillación nacional”. Es decir, este fulano corrupto, conspirador, antidemócrata y fanático hasta la saciedad, cuyo único mérito consiste en que Pujol, antes de destituirlo a propuesta de Alavedra, dijo de él que era un patriota (catalán, se entiende), se permite la osadía de hacer un llamamiento a la subversión y para ello se ampara en dos circunstancias a cual más falsa: Nadie, repito, nadie está expoliando a Cataluña, si acaso al contrario y desde hace muchas décadas, y la única humillación que se produce en esa región española, que sí sería motivo más que suficiente para una, sino revuelta, al menos protesta generalizada, es la que sufren los castellanohablantes frente a la gran inmoralidad del actual gobierno catalán en materia lingüística, lo mismo que el anterior.

No sé dónde vamos a llegar con la actual situación política. Al nacionalismo todo se le consiente y nada le basta. Allá donde gobierna, ni se cumple la ley ni es posible la convivencia, salvo que uno viva resignadamente y con la cabeza agachada. El ejemplo Sellarès, un tipo insatisfecho ante lo que muchos entendemos como un estatuto que conculca gravemente la legalidad vigente y que además privilegia con descaro a Cataluña en perjuicio de otras comunidades, da que pensar que Zapatero, con su bajada de pantalones, no ha hecho más que comprar un poco de tiempo. Porque los nacionalistas, incapaces de refrenar su maldita codicia, volverán pronto a la carga de la mano de gentuza como Sellarès, quien no deja de ser el soberanista típico que contamina a un pueblo ya de por sí predispuesto al victimismo que Pujol, el doctrinario Pujol, fue inculcándole con saña.

Sobre la avaricia, el clásico alude a que: “Quien busca lo no perdido, lo que tiene debe perder”. Bien, pues es exactamente eso lo que el nacionalismo catalán merecería encontrarse: Perder los privilegios que ahora posee, entre otras razones para que no le resulte gratis quebrantar la Ley como lo está haciendo. Y que cada uno entienda lo que le parezca sobre a qué me refiero con perder privilegios. Lo cierto es que si hay alguno que pide revueltas de carácter soberanista (subterfugio de revolución separatista), lo más racional es que otros, por respeto a la ley que se pretende quebrantar, pidamos algún método para combatirla antes de que se inicie. No, no es posible seguir por esta vía de la traición permanente y la siembra de odio. ¡No puede acabar bien tanta inestabilidad política! Alguna vez deberá llegar a su fin algo que con gran doblez se ha disfrazado de España plural, cuando no es más que la tiranía de los nacionalismos y el todo me vale, con tal de seguir, de un fulano irresponsable llamado Rodríguez.

Artículo revisado, insertado el 29 de enero de 2006 en Batiburrillo de Red Liberal


PD: Que yo conozca, el gobierno de España no procedió judicialmente en su día contra el delincuente Sellarés, como no ha procedido en infinidad de casos similares a lo largo de las últimas décadas, con diversos gobiernos. No es de extrañar, pues, que ante las elecciones del 27 de septiembre de 2015 el separatismo esté tan confiado en que alcanzará la independencia de Cataluña y la da por hecha. Esa independencia no se va a producir, desde luego, pero si existe un riesgo cierto de que ante la enorme frustración que se genere asome la violencia. Y eso es consecuencia de una deriva estúpida y desleal que debería haberse frenado hace bastante tiempo.

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