viernes, 18 de septiembre de 2015

La memoria histórica de Salvador de Madariaga (408)

El gran Salvador de Madariaga fue uno de los hombres más cultos de su tiempo. Partidario acérrimo de la República, a la que representó como embajador, poco a poco fue desengañándose de la vertiente opresiva y violenta que los izquierdistas en el poder ofrecieron como absurda solución a los males de España.

Como una especie de suplemento dominical, de esos que acostumbran a repasarse en ciertas horas de las jornadas festivas, quiero traer hoy aquí un documento excepcional del gran liberal republicano Salvador de Madariaga. El documento refleja, en opinión de Madariaga, el atroz grado de terror e intimidación al que se llegó en España unas pocas semanas antes del llamado golpe de estado fascista, definido así según la terminología al uso de la época y que, cada vez más abiertamente, pretende reeditarse como un método para glorificar en nuestros días las actitudes violentas y sectarias que la izquierda utilizó entonces.

Sepamos quién era Madariaga en el momento de establecer su diagnóstico político. Lo primero que hay que decir es que fue un literato que también ejerció de diplomático, con actuaciones notables en ambos campos. Graduado en el colegio parisino de la Cheptel, obtuvo además el título de ingeniero de minas. En 1916, tras ejercer un alto cargo en la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España, se trasladó a Londres y profesó como redactor del Times. Publicando asimismo, en inglés, su primer libro de crítica literaria. En 1921 ingresó en la Secretaría de la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra, que era el equivalente a la actual ONU. Al año siguiente ocupó el alto cargo de Director de Desarme de la Sociedad de Naciones, puesto del que dimitió en 1928 para ocupar la Cátedra de Literatura española en la Universidad de Oxford, donde permaneció hasta 1931.


Madariaga fue nombrado embajador de la República española en Washington y algo más tarde representante de España en la Sociedad de Naciones, donde fue propuesto por la delegación hindú como árbitro del conflicto hindú-musulmán. En 1932 pasó a desempeñar el cargo de embajador en París. Recibió numerosos premios a su labor diplomática y literaria y le avalan varias docenas de obras periodísticas y sociológicas de primer nivel. Se habla aquí, pues, de un gran polígrafo, un gran demócrata y un gran hombre.

Bien, he aquí lo que pensaba Madariaga, un republicano de gran talento y preparación, de la situación que se vivía en nuestra patria como consecuencia de la segunda llegada al poder de los republicanos de Azaña y los socialistas, esta vez, junto a otros grupúsculos políticos de izquierda y bajo la denominación, impuesta por la Komintern (Internacional comunista) y aceptada por Largo Caballero, de Frente Popular:

El país había entrado en una fase claramente revolucionaria. Ni la vida ni la propiedad estaban a salvo en ninguna parte. Es un prejuicio absoluto explicar aquel estado de cosas con chillidos de loro en variaciones de la palabra “feudal”. No se trataba ya de que al propietario de miles de hectáreas otorgadas a sus antepasados por el rey Fulano de Tal le invadieran la residencia y le dejaran el ganado sangrando con las patas rotas en los humeantes campos de su propiedad. Era el modesto médico o abogado madrileño que tenía un chalet con cuatro habitaciones y baño y un huerto del tamaño de un pañuelo, que veía cómo le ocupaban la casa unos trabajadores de la tierra que en absoluto carecían de casa ni pasaban hambre, y acudían a recoger la cosecha: llegaban diez hombres a hacer el trabajo de uno y se le quedaban en casa hasta que terminaban. Era el secretario local de jardineros que iba a decirle con amenazas a la chica que regaba las rosas que todo riego tenían que hacerlo los del sindicato; era un movimiento encaminado a prohibir la conducción del propio coche e imponer la aceptación de un chofer del sindicato.

Salvador de Madariaga, no lo olvidemos, fue inicialmente un entusiasta de la República a la que sirvió desde posiciones muy significadas. Rescatada queda su opinión para nuestra sección “Memoria histórica para todos”.

Artículo revisado, insertado el 8 de enero de 2006 en Batiburrillo de Red Liberal


PD: La obra de Madariaga, un europeísta apasionado y visionario, sigue completamente en vigor, por ejemplo su elaborado trabajo Carácter y destino de Europa, escrito sobre 1929 y revisado en 1951, en el que se entrevé lo que después de más de 50 años ha venido a ser nuestra Unión Europea. 

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