viernes, 23 de octubre de 2015

España-Francia: Aversión y regocijo (462)

Líderes populares europeos en el encuentro de ayer en Madrid. En primer plano Nicolás Sarkozy, cuyo espíritu patriótico es envidiable, a la par que su alta estima a vecinos europeos como España, lo que demuestra que es perfectamente posible amar lo propio sin odiar lo ajeno. Un patriotismo del que podrían tomar nota muchos políticos españoles, comenzando por los nacionalistas. 

Ayer domingo (6-5-2007) experimenté la alegría de ver a Sarkozy ganar la presidencia de Francia. No por ser un candidato marcadamente liberal, que no lo es ni de lejos, puesto que en el país vecino es punto menos que imposible ser liberal de la noche a la mañana cuando el Estado maneja más del 50% del PIB y se cuentan por docenas y docenas las grandes empresas públicas, sino porque representa un cambio claro de tendencia en lo económico y además rechaza la fobia que, desde De Gaulle para acá, los presidentes franceses han tenido siempre tanto a otros países europeos como a los USA, una nación admirable como hay pocas. Eso sin contar que Sarkozy ha condenado con rotundidad el nefasto mayo del 68, fecha en la que podríamos establecer que nació el culto contra cualquier idea real de progreso y esfuerzo y, a cambio, se adoptó la del progresismo analfabeto como modelo a seguir. Ya se sabe: “Queremos lo imposible y además lo queremos enseguida”. Suministrador: Papá Estado.

El candidato de la derecha francesa ganó, además, con un programa nada retraído y diciéndoles a los votantes lo que esperaba exactamente de ellos: "más capacidad de trabajo, más seriedad, mayor excelencia en la dedicación profesional y mucho más respeto y amor a la patria". ¡Ahí queda eso! Naturalmente, en la noche de la resaca electoral francesa la izquierda y los antisistema decidieron que había que celebrarlo a lo grande y ocasionaron numerosos estragos callejeros y se enfrentaron a adoquinazo limpio a los antidisturbios. Claro que lo que en realidad pretendían —¡qué raro!— era atacar las sedes de la derecha y dejar constancia de su “juego limpio”.


Estoy convencido de que en España no es posible encontrar a un líder de partido que sea capaz de entusiasmar a los votantes con un proyecto similar al del francés Sarkozy, aun cuando buena parte del electorado tradicionalmente abstencionista se lo pensaría en serio si tuviese esa opción. Si bien hoy por hoy no es posible en España. La izquierda, porque no quiere algo distinto a la propaganda y el ambiente enrarecido, donde cree que dispone de mayores recursos al usar su falta de escrúpulos. Luego a la izquierda solamente es posible definirla así: antes muerta que patriota y decente. Y si es la derecha, tampoco podemos contar con ella porque le teme demasiado al “qué dirán” y se finge de centro, como si declararse centrista no supusiera asumir en muchas ocasiones lo peor de la izquierda y de la derecha.

Por otra parte, y espero que Rajoy haya tomado buena nota, en Francia ha saltado por los aires ese falso mito de que la izquierda siempre gana cuando el porcentaje de votantes es muy alto. Un mito absurdo que jamás ha tenido en cuenta la alta abstención, por ejemplo, de los no nacionalistas en todas las elecciones autonómicas y sus respectivos refrendos estatutarios. Un mito al uso del perdedor —pongamos el centrista Piqué— que en Cataluña ya había sido desterrado cuando Vidal-Quadras, nuestro Sarkozy despilfarrado en labores europeas y finalmente defenestrado del PP, demostró que era posible llegar a la gente con un lenguaje claro y firme, que incluyese tanto la denuncia de la política indigna como la exaltación de los valores más apreciados desde siempre. Quizá por eso mismo al final lo alejaron incluso de Europa.

Artículo revisado, insertado el 7 de mayo de 2007 en Batiburrillo de Red Liberal

PD (23-10-2007): Precisamente ayer vimos a Sarkozy en Madrid, en el congreso del Partido Popular europeo, animando a Mariano Rajoy y respaldándole, junto a otros jefes populares de Europa, respecto a una labor económica cuyos frutos son incuestionables. Lástima que a Mariano le falte la entereza de Sarkozy para solventar el problema de Cataluña y corregir otros asuntos muy serios, de los cuales hoy solamente citaré dos: Las más de 100.000 vidas anuales que se pierden en los abortos y la vergonzante falta de separación de poderes, con una Justicia más mediatizada cuanto más alto es el tribunal. 

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