lunes, 19 de octubre de 2015

Memorial Democrático, otra infamia cargada de impunidad (456)

En la imagen el 2º  Gobierno Tripartito en Cataluña, una etapa en la que el acomplejado José Montilla fue poco más que un florero y dejó hacer a sus dos cómplices, de ahí lo del Memorial Democrático del comunista Saura. Lo más curioso de la escena es la mirada de ludibrio (entre burla y desprecio) del todavía Arturo Mas, que aún no se había cambiado el nombre pero que ya barruntaba echarse al monte del separatismo, visto el buen resultado (dos legislaturas seguidas) que obtuvieron los radicales tripartíticos. Y ahora estamos ante una situación que parece de chiste: los tres sujetos de la izquierda han desaparecido, políticamente hablando, y el de la derecha no tardará en tomar el mismo camino de los cadáveres políticos. Eso sí, los del Tripartito dejaron una deuda en 2010 de 35.610 millones de euros que el desquiciado y envidioso Mas, a la vez que gran soberbio, no ha tenido reparos en aumentar hasta los 66.813 millones de euros.  

El reconocimiento de las víctimas de la represión "no puede trasladarse a todas las ideologías" porque "no se puede comparar a los golpistas con la superioridad ética de un Gobierno legítimo y democrático". Tales han sido las palabras, según he leído en LD, ABC y otros medios, del comunista Joan Saura para justificar que en la nueva ley de memoria histórica, denominada "Memorial Democrático" en Cataluña, se olvide por completo a los represaliados de derechas y tienda a ensalzar a unas supuestas víctimas de izquierdas que en muchos casos fueron criminales. O lo que es lo mismo, bien muerto está cualquiera que no fuese comunista, socialista o separatista, si esas muertes se produjeron en Cataluña durante la II República y la Guerra Civil. Loados sean sus ejecutores, transcurridos setenta años. Condenados sean los "fascistas" que cometieron la osadía de asistir a misa dominical, a las puertas de cuyos templos eran aguardados para ser apresados. Inclúyanse también, como unos desaprensivos a los que no conviene recordar, a esos cientos de militantes del POUM (partido de ideología marxista no estalinista) que fueron masacrados por órdenes de Negrín (presidente del Gobierno), con la apatía más que interesada de Companys, el golpista condenado a 30 años de prisión por la propia República y posteriormente, ya amnistiado por el Frente Popular, transformado en un genocida al recuperar la presidencia de la Generalidad y desde ese alto cargo dedicarse a todo tipo de crímenes y asesinatos.


Si hubo un territorio donde las represiones se contaron por miles y los represores poseían la misma catadura moral de los que ahora gobiernan, ese fue Cataluña, que permaneció en manos de una coalición nacional-socialista o del Frente Popular, de comportamiento nada ético y muy antidemocrático, desde la implantación de la II República, en 1931, hasta la caída de Barcelona, poco antes del final de la Guerra. Fueron ocho largos años en los que el mayor desamparo que imaginarse pueda afectó a los católicos, a los no partidistas políticos, a los moderados o a los que abominaban del estalinismo aun siendo de izquierdas. Se acosó, se robó, se incendió, se torturó y se asesinó a miles de personas que no compartían la ideología de los que mandaban. Se usaron para ello los llamados tribunales populares, cuyas cárceles fueron conocidas como checas, a las que hubo que añadirles campos de internamiento porque no daban a basto. Se produjo una oleada de exiliados como nunca se había visto hasta entonces en la región catalana. Muchos, a riego de su propia vida, se pasaron a lo que iniciada la Guerra Civil fue conocida como “Zona Nacional”, donde combatieron con gran valor. De mis lecturas de siempre, recuerdo ahora a los voluntarios del Tercio de Montserrat, compuesto de valerosos requetés catalanes.

No, decididamente Cataluña no es la región de España que pueda presumir de un pasado ético y democrático durante el lamentable episodio de la Segunda República y la Guerra Civil, ni su gobierno de hoy, que comparte la misma ideología política de los totalitarios de entonces, está en condiciones de arrojarnos nada a la cara al resto de los españoles. Joan Saura, con su propuesta de “Memorial Democrático” a favor de unos (delincuentes los más) y decididamente en contra de otros (sus víctimas los más), ha demostrado ser un magnífico aspirante a hacerse con el podio en cualquier competición donde la puntuación máxima se alcance en razón de la inmoralidad que se posea. En su caso, medalla de oro.

Es inconcebible, por otra parte, que en Cataluña, región que me honro en conocer a fondo por haber pasado en ella cuatro quintas partes de mi vida, no haya quien reaccione ante semejantes indignidades. ¡Qué se ha hecho de mi amada Cataluña, tan europea, tan moderna, tan emprendedora… para que se haya convertido en el reducto de cuanto déspota retrógrado apetece resarcir su resentimiento! ¿Hasta qué punto es férreo, falsario y aleccionador en el rencor el método dictatorial establecido allí? ¿Cómo es posible que el ciudadano de a pie no sienta deseos de rebelarse ante tanta perversidad política y decida asumir la condición de inerme? Cuesta creer que estos miserables del Tripartito que hoy gobiernan (año 2007) se salgan con la suya. Mientras, el gobierno de la Nación ("concepto discutido y discutible") no cesa de mirar para otro lado o de sonreír a los terroristas vascos.

Artículo revisado, insertado el 20 de marzo de 2007 en Batiburrillo de Red Liberal


PD (19-10-2015) Hoy todo sigue más o menos igual en Cataluña, con unos diputados electos cuya mayoría no acaba de aclararse si lo que forman es un gobierno de radicales o de muy radicales. Y a su vez, si lo que deciden es la independencia a las bravas o bien la desobediencia gradual de las leyes del Estado. En cualquier caso, la región catalana tiene muchos números para que le toque pasar por un largo período de anarquía institucional. Salvo que el Gobierno de España que resulte de las elecciones generales acabe por ser presidido por una persona que posea algún coraje y sentido de Estado y decida poner firme a tanto desalmado ideológico como hay ahora en Cataluña. 

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