domingo, 25 de octubre de 2015

Recordemos cómo fue el intrépido Zapatero (464)

Un total de 13 militares españoles han fallecido en la misión de la ONU en Líbano desde 2006, donde nos metió el valeroso Zapatero mientras iba recordando que Aznar era un asesino por la misma decisión de aportar algunas tropas en conflictos internacionales.

Lo más heroico y aguerrido que Zapatero nos ha ofrecido hasta la fecha ha sido descabalgar de sus pedestales al último dictador, eso sí, con nocturnidad y francachelas asociadas. Una de esas estatuas la secuestraron los socialistas en la Castellana de Madrid, que coincidió con un homenaje cercano y disoluto al genocida Carrillo, al que la gesta de retirar la estatua de Franco se le ofreció como un trofeo. Tres cuartos de lo mismo sucedió en la Academia General de Zaragoza, donde se aprovechó el período vacacional de los cadetes para avisar a la grúa municipal y comentar que había un caballo de bronce, con un hombre raro encima, que se hallaba aparcado en doble fila.

Y eso porque el dictador pronto llevará cuarenta años muerto y sepultado bajo una lápida de varias toneladas de peso, que si no, ¡ni de lejos se hubiesen atrevido estos socialistas que a sí mismos, en palabras de Gabilondo, se califican como "los buenos"! Otra hombrada del mismo calibre consistió en eliminar de un cerro en Talarn (Lérida), donde se ubica la Academia de Suboficiales, la frase patriótica que nuestros soldados en el Líbano y otras misiones internacionales han llevado a la práctica hasta sus últimas consecuencias: “A España, servir hasta morir”.


 ¡Ah, se me olvidaba! El fulano que nos preside ahora (año 2007) también propició a través de unos sicarios a los que luego les ha concedido altas condecoraciones navales —cuando lo más húmedo del miserable trabajo realizado por éstos estaba relacionado con el fango que pisotearon para ejercerlo—, el castigo a unas victimas del terrorismo previamente cautivas, desarmadas, malheridas o directamente asesinadas por los amigotes de timba con los que ha ido negociando —y claudicando— durante, al menos y que se sepa, cinco largos años envueltos en felonías y atropello a las leyes. En todo lo demás, la cobardía, el deshonor o el desistimiento más perjudicial para nuestro país han presidido cada una de sus actuaciones dentro y fuera de España. ¡Es inconcebible —me gustaría clamarlo a los cuatro vientos y que se me oyese bien— que alguien así, de semejante jaez pusilánime, siga aún presidiendo el Gobierno de la gran Nación española!

Ahora, en un nuevo acto asustadizo y falto por completo de liderazgo, Zapatero se ha escondido durante tres días debajo de la cama, donde se supone que no ha dejado de lloriquear, y finalmente no ha tenido más remedio, a preguntas del jefe de la Oposición, que dedicar dos o tres minutos, a desgana, a esa media docena de soldados españoles que han dado su vida en defensa de unos valores que la patria española les encomendó custodiar por encargo de quien dice representarla al máximo nivel: el Gobierno.

Para entendernos, el Presidente ha preferido usar en el Congreso de los Diputados, en lugar de una merecida loa a los soldados fallecidos en acto de servicio en el Líbano, cuatro frasecillas rutinarias e improvisadas, tan breves como hipócritas y cargadas de una solemnidad inoportuna no precisamente referida a las víctimas, sino al mundo de Alicia en el que vive. Si uno atiende a esas frases y acaba creyéndolas llega a la conclusión de que nuestras tropas han perecido al resbalar con el jabón perfumado en la ducha. Porque claro, en esas “misiones de paz” a las que el infame solemne envía a los nuestros, a diferencia de lo que hizo el “asesino” de Aznar en circunstancias calcadas, lo lógico es que no se corra ningún riesgo y se les vayan entregando flores por donde pasen.

Y como prueba evidente de que el agua jabonosa de la ducha resbala lo suyo, lo que convierte en meros accidentados de segunda clase a nuestros soldados asesinados en el Líbano —que a los socialistas en el poder sólo les ha faltado mentirnos de nuevo y asegurarnos que nuestros hombres han muerto de alergia a no se sabe qué—, este tipo sin corazón y sin honor que ahora manda ha dispuesto para ellos una medalla amarilla, más propia de quienes padecen los efectos de una ebriedad cuartelera que afecte al hígado que de los que salen despedidos varios metros del interior de su blindado, cuyo morro ha desaparecido debido a la fuerte explosión.

Cualquier decisión con tal de no acreditar documentalmente, en este caso mediante el símbolo del distintivo rojo-sangre, que nuestros militares se encuentran en zona de guerra y hostigados, además, por el peor de los enemigos posibles: el atroz terrorismo financiado por el régimen tiránico de Siria, estado delincuente al que no hace mucho ZP envió a los Reyes en visita oficial y del que espera se sume a ese proyecto inmundo que algunos definen como “Alianza de Civilizaciones” y que otros, con menos anteojeras y mayor conocimiento de lo que el submundo islámico encierra, han catalogado ya como la entrega de Europa al despótico Islam, mezcolanza social-sarracena más conocida como Eurabia.


Artículo revisado, insertado el 28 de junio de 2007 en Batiburrillo de Red Liberal

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